martes, 1 de febrero de 2011

Los cambios de humor que modifican nuestras vidas


El trastorno bipolar se caracteriza por la repetición, alternancia, o la coexistencia de estados de excitación, manía o de depresión, melancolía

El elemento del que se componen los estados depresivos es la melancolía y se caracteriza por la presencia de un sentimiento continuo de desesperanza, fracaso, tristeza e incapacidad de disfrutar cualquier actividad.

Por otro lado, el elemento del que se componen los estados maniacos es la manía y se caracteriza por un estado de alegría y exuberancia, aunque su manifestación más notoria es la cólera y la violencia.

La manía es lo opuesto a la depresión aunque, en el fondo, la personalidad es esencialmente depresiva, ya que trata de negar constantemente la depresión.
Entre estas personas existe una gran tendencia hacia el consumo de drogas, alcohol o sustancias que alteran el sistema nervioso; pueden ser incapaces de obtener la satisfacción deseada y a la vez se intensifica la adicción.

Enfermedad maníaco-depresiva es la alternancia de ambos estados manía-depresión a lo largo de la vida de una persona.
En las depresiones la persona expresa un sentimiento hostil hacia su persona y en la manía expresa un extremado amor hacia sí mismo.

Tipos de trastorno bipolar:
Trastorno bipolar I:
se da en aquellos individuos que han experimentado uno o más episodios maníacos con o sin episodios de depresión mayor, la característica esencial de un episodio depresivo mayor es un período de al menos 2 semanas durante el que hay un estado de ánimo deprimido o una pérdida de interés o placer en casi todas las actividades.

Trastorno bipolar II: se caracteriza por episodios de hipomanía así como al menos un episodio de depresión mayor. Los episodios hipomaníacos no llegan a los extremos de la manía, por lo que no provocan alteraciones sociales u ocupacionales.

Ciclotimia: implica la presencia o historial de episodios hipomaníacos con periodos de depresión que no cumplen los criterios de depresión mayor, y que ocurren según un patrón cíclico. Los síntomas aparecen según un protocolo o modo conductual.

Trastorno bipolar no especificado: es un diagnóstico que se utiliza para indicar afecciones bipolares que no encajan en otras categorías diagnósticas.

El tratamiento
Para esta enfermedad la debe realizar un psiquiatra y un psicoterapeuta. El tratamiento más utilizado es con psicofármacos, que consigue regular el estado anímico de la persona de forma que pueda llevar una vida más o menos normal. En la actualidad existen nuevos tratamientos que también son efectivos para este trastorno.


Se necesita de un seguimiento tanto para el ajuste de la medicación, como por la necesidad psicoterapéutica que requiere la persona para enfrentarse a ciertos contratiempos.

El crecimiento postraumático hace referencia a la posibilidad de aprender y crecer a partir de experiencias adversas, y es un fenómeno más común de lo que en principio solía creerse. Muchas personas que han de luchar en circunstancias muy duras, logran sacar beneficios de esa lucha y hacerse más fuertes. A pesar de estar experimentando emociones negativas, como ansiedad, tristeza, etc., también experimentan emociones positivas que les ayudan a reducir sus niveles de angustia.

El crecimiento postraumático
puede reflejarse a varios niveles: cambios en uno mismo, cambios en las relaciones interpersonales y cambios en la espiritualidad y filosofía de vida. Muchas personas que afrontan una situación traumática ven aumentada la confianza en su capacidad para resistir las adversidades que puedan ocurrir en el futuro.

domingo, 30 de enero de 2011

Autoestima


Conocer qué es la autoestima, sus componentes e implicaciones para nuestro bienestar personal, se hace necesario para saber por dónde empezar a mejorarla.

¿Que es la Autoestima?
La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores, padres, maestros, compañeros, amigos, etcétera y las experiencias que vamos adquiriendo. Según como se encuentre nuestra autoestima, ésta es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de mí mismo, potenciara la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.

Baja Autoestima
Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de estos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo, y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos, dando así lugar a la depresión. Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo en situaciones positivas o sentirse impotentes y autodestructivos.

Cuando una persona no logra ser autentica se le originan los mayores sufrimientos, tales como, enfermedades psicológicas, la depresión, las neurosis y ciertos rasgos que pueden no llegar a ser patológicos pero crean una serie de insatisfacciones y situaciones de dolor, como por ejemplo, timidez, vergüenza, temores, trastornos psicosomáticos.

La autoestima es importante porque es nuestra manera de percibirnos y valorarnos como así también moldea nuestras vidas. Una persona que no tiene confianza en sí misma, ni en sus propias posibilidades, puede que sea por experiencias que así se lo han hecho sentir o por mensajes de confirmación o desconfirmación que son trasmitidos por personas importantes en la vida de ésta, que la alientan o la denigran.

Otra de las causas por las cuales las personas llegan a desvalorizarse, es por la comparación con los demás, destacando de éstos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no llegan a los rendimientos que otros alcanzan; creen que su existencia no tiene una finalidad, un sentido y se sienten incapaces de otorgárselo; sus seres significativos los descalifican y la existencia se reduce a la de un ser casi sin ser. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.

La persona, va creciendo y formando su personalidad dentro del ambiente familiar, que es el principal factor que influye en la formación de la misma, ya que le incorpora a ésta los valores, reglas y costumbres que a veces suelen ser contraproducentes. Algunos de los aspectos ya mencionados son incorporados, a la familia, por medio del modelo que la sociedad nos presenta, y éste es asimilado por todos los grupos sociales. Pero, la personalidad de cada uno, no sólo se forma a través de la familia, sino también, con lo que ésta cree que los demás piensan de ella y con lo que piensa de sí misma, al salir de este ambiente y relacionarse con personas de otro grupo diferente.

La Familia
La autoestima, además es aprender a querernos y respetarnos, es algo que se construye o reconstruye por dentro. Esto depende, también, del ambiente familiar en el que estemos y los estímulos que este nos brinda. En la violencia familiar las víctimas y los victimarios poseen muy baja autoestima, ya que por un lado, la víctima es alguien al que maltratan sin que ésta pueda poner límites y no se da cuenta de que está siendo abusada. Por otro lado, los victimarios compensan lo inferior que se sienten, maltratando y abusando, en este caso, de un familiar.
Muchas de las heridas emocionales que tiene una persona, producidas en su niñez pueden causarnos trastornos psicológicos emocionales y físicos, cáncer, úlceras, hipertensión, trastornos cardíacos y alimentarios, problemas en la piel, depresiones, etc.

Produciendo dificultades en la vida de las mismas, conflictos serios en el trabajo, disminución de la energía y de la capacidad creativa, relaciones matrimoniales desastrosas, no poder hacer o conservar amigos, poco entendimiento con las hijas e hijos.
Existen padres, madres, docentes o cuidadores que humillan, desprecian, no prestan atención, se burlan o se ríen del niño/a cuando pide ayuda, siente dolor, tiene un pequeño accidente, necesita que lo defiendan, expresan miedo, piden compañía, se aferra buscando protección, tiene vergüenza, etc.. Estas actitudes se completan con otras totalmente opuesta, demostrándole al niño que es querido y bonito creándole una gran confusión. Pero estas muestras de cariño son aparentes, adjudicándole un rotulo a su identidad, que trae como consecuencia un peso negativo en formación y en el desarrollo de sus capacidades.

En el momento en que la persona afectada es adulta, transmitirá la humillación o el maltrato a personas más pequeñas o vulnerables. Es una cadena hereditaria de abuso y poder, ya que el desprecio y la vergüenza vivida en la infancia son la fuente de los problemas que afectan en la vida adulta y los causantes de la baja autoestima.

Toda persona tiene en su interior sentimientos, que según su personalidad puede manifestarlos de diferentes maneras. Muchas veces estas manifestaciones dependen de otros factores, según el lugar físico, sentimental y emocional, éstos pueden influir positiva o negativamente en la formación de la persona o sea en la Autoestima.

Algo importante de destacar es que la Autoestima es una enfermedad que se puede curar, pero solo es posible cuando la víctima, es decir el enfermo de una Autoestima Baja, toma consciencia y asiste a psicólogos para pedirle su ayuda como así también necesita la ayuda de sus más allegados.

"El éxito mas grande es la aceptación de uno mismo." (Ben Sweet).

jueves, 27 de enero de 2011

Resentimiento


El resentimiento es un dolor moral que se produce como consecuencia de una ofensa. La persona que lo sufre no logra olvidar esa ofensa, de manera que lo vuelve a sentir una y otra vez. Este sentimiento va acompañado de rencor y hostilidad hacia quienes causaron el daño. La ofensa puede producirse de diversas formas: como un hecho que alguien realiza contra uno, un descrédito personal, un desprestigio profesional, una agresión o una calumnia, o bien en forma de omisión, que es una ofensa más sutil pero también muy dañina, como no recibir la invitación que esperaba, la falta de reconocimiento por un trabajo bien hecho o cuando alguien no recibe muestras de amistad por un determinado grupo de personas o un amigo.

Sentimientos de la persona resentida:
Cuando el resentido no desea olvidar, está continuamente recordando aquello que dio origen a ese sentimiento, queda esclavizado a su pasado y no logrará liberarse de esa gran carga que es el resentimiento. La persona resentida se siente dolida y ofendida por el trato injusto que ha recibido de determinadas personas o por los acontecimientos desfavorables que han surgido hacia ella en un momento determinado. En tal caso, podemos hablar de un resentimiento comprensivo, es decir, tiene sentido que esta persona se sienta molesta con las personas o circunstancias que le causaron esa ofensa y que reviva ese malestar ante ese recuerdo. Los sentimientos de envidia y celos son frecuentes en algunas personas resentidas que consideran que la vida es injusta con ellas. No llegan a entender cómo otros consiguen con cierta facilidad, aquello por lo que ellas a pesar de haber luchado tanto, no logran conseguir. El resentido desea vengarse de aquel que lo ha ofendido o le ha causado algún daño justa o injustamente. Considera que esa persona tarde o temprano tendrá que pagar por el daño causado y desea realizar una acción semejante a la recibida. En este caso, el resentimiento va naciendo y puede obsesionar de tal forma que acompañe durante muchos años o incluso a lo largo de toda una vida. Cuando ese sentimiento se ha instalado en alguien firmemente, le amarga la vida y hace que se la amargue a los demás. Se convierte en una persona rencorosa y desagradable, incapaz de ver lo bueno de las cosas y con una gran fijación hacia las personas contra quienes guarda resentimiento.

Unas de las formas para superarlo:
Lo primero que tenemos que hacer para liberarnos de este sentimiento es entender la naturaleza de la ofensa: de quién procede, qué consecuencias puede tener en nosotros, por qué lo hizo y si había intención de ofender. Así podremos analizar con objetividad lo ocurrido. Muchas veces exageramos lo sucedido o imaginamos actitudes y hechos que no corresponden con lo que en un principio pudimos pensar. Debemos aprender a superar el sufrimiento y las ofensas mirando hacia el futuro. No podemos quedarnos atrapados en el pasado, recordando continuamente a aquellos que tanto sufrimiento nos causaron o aquellas circunstancias o hechos que nos produjeron tanto dolor. Hay que pasar página y mirar de forma positiva hacia el futuro. El perdón nos libera de la pesada carga en la que se puede convertir el resentimiento. Aceptar lo que pasó, aunque no estemos de acuerdo con lo que sucedió, y dejar de lado los pensamientos negativos que nos causaron dolor es la mejor solución para superarlo. Este sentimiento se puede superar por la voluntad y la inteligencia de la persona que lo sufre. Para ello, es necesario un carácter firme y un dominio de las emociones, de tal forma que no permitamos que arraigue en nuestro interior. Debemos realizar un esfuerzo para conducir este sentimiento hacia pensamientos más positivos. También hay que buscar razones para evitarlo, tales como que la persona resentida es una persona amargada y obsesionada, que puede estar padeciendo por un acontecimiento u ofensa que el otro ya ni recuerda; que el resentimiento es un veneno que destruye por dentro y que rara vez sacia la sed de venganza o que al final se convierten en personas encerradas en sí mismas, cuyo única meta es la venganza. Para superarlo, es muy importante admitir que existe en nosotros y, una vez reconocido, debemos tener el firme propósito de liberarnos de él.
"No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores." Mahatma Gandhi

domingo, 23 de enero de 2011

Crisis existencial


La crisis existencial es un fuerte desarreglo de la vida, lo que estaba en su lugar (o en un lugar conocido) deja de estarlo. El rompecabezas que hasta ese momento mantenía la sensación de coherencia como ser humano se desparrama, y se observa, a veces con horror, todas esas piezas fuera de lugar, sin atinar a qué hacer ni por donde empezar.Aunque la vivencia de crisis es difícil de esquematizar, se la puede reconocer desde algunos aspectos:

Desconexión: La persona se desconecta básicamente de la vida, de sí misma, de los demás y del mundo. Es un movimiento centrípeto, hacia adentro, implosivo. Se recoge en sí y se aísla.

Pérdida del sentido de vida: sin razón para qué vivir, para qué despertar, trabajar, comunicarse, planear, etc. En esos momentos la persona ansía desaparecer, permanecer dormida, y hasta morir. Es incapaz de sufrir su experiencia con sentido, para responder a lo que le está sucediendo. No cuenta consigo misma para vivir la situación, no siente compasión por sí misma, contrariamente hay un profundo enojo hacia sí mismo, y frecuentemente deseos de castigarse. Esta situación nos deja desamparados ya que nadie puede sacarnos de la crisis más que ella misma, pero en ese momento no hay motivación para ello.

Culpa: Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco; dice certeramente que la persona neurótica tiene dos problemas: se siente mal, y se siente mal de sentirse mal. Frecuentemente entra en sentimientos de culpa por no poder darles a los demás lo que quisiera.

Crisis significa ruptura, cambio, mutación del desarrollo de un proceso, que puede ser físico, psíquico, espiritual o histórico; marca el fin de lo viejo y el principio de algo nuevo.
Las crisis personales son dolorosas pero es la posibilidad que nos brinda la vida para crecer.

El dolor es parte de la vida pero se prefiere evitarlo y pocos son los que pueden ver lo bueno de lo malo, vislumbrar la posibilidad del cambio y del crecimiento y descubrir nuevos aspectos de si mismos.

El dolor exige aceptación para poder superarlo, tiempo para asimilarlo y poder integrarlo y la capacidad para aprender de ello.
La experiencia del dolor en una crisis es intransferible y absolutamente personal, una vivencia íntima imposible de compartir con otro; sin embargo el apoyo de otros puede acelerar el proceso de aceptación y la posibilidad de cambio.

El dolor fortalece y permite distinguir los verdaderos valores; porque a veces se transita por la vida como si se estuviera anestesiado, sin poder disfrutar de nada de lo que se ha logrado y sólo una crisis y el dolor que conlleva permite tomar conciencia del valor que tienen las personas que están alrededor.

Las crisis son los momentos de caos que tiene el orden cotidiano, que son necesarios para mejorar y darse cuenta que estar cómodo girando siempre en círculo no es lo mejor, que lo mejor es avanzar, aprender a despedirse de lo viejo y enfrentar lo nuevo.

jueves, 20 de enero de 2011

Quitarnos las mascaras


En las vacaciones descansamos del estrés, del tráfico y del trabajo, pero los quiero invitar a descansar y quitarnos para siempre las mascaras.

A veces nos ponemos mascaras para sentirnos aceptados. Tenemos varias de ellas: la del trabajo, la de papá responsable o mamá permisiva, la de persona culta, la de las fiestas, la de los funerales y muchas más. Todas son producto de nuestra cultura, de la etiqueta preestablecida y de nuestra propia red de defensa psicológica.

Disciplinamos nuestro cuerpo y cara para esconderse tras esas rígidas mascaras y así ocultamos al ser humano. Las mascaras nos dan seguridad y nos resistimos a quitárnoslas aun cuando sentimos que seria bueno hacerlo. Protegidos por ellas, podemos vivir en una permanente soledad emocional; llena de secretos, de temor a ser descubiertos, a ser rechazados, juzgados, condenados o a hacer el ridículo.

Lo que quizás no hemos descubierto es la sensación de libertad, de levedad y de autenticidad interior que podemos obtener si nos atrevemos a quitárnosla. Si lo hacemos, lograremos proyectar el atractivo que tiene una persona que se muestra tal como es, que abre su corazón y que expresa sus emociones sin temor a ser juzgada.

Cuando revelamos ante los otros nuestro verdadero yo, se reduce la tensión que proviene de querer parecer alguien que no somos. Surge, por ende, el carisma. Además, el hecho de abrirnos genera el lazo que mantiene unida una amistad verdadera.

A veces dejamos caer la mascara sin darnos cuenta: cuando estamos frente a los niños, a la gente que trabaja con nosotros o con alguien con quien tenemos una relación íntima. También cuando estamos cansados o deprimidos, o cuando algo nos apasiona, nos olvidamos de ella porque nos cuesta trabajo mantenerla puesta.

Observe las caras de las personas que están comprando en una shopping en un día de liquidación. Vea la cara de quien este embebido en un libro, de quien baila sintiendo la música, de un deportista en una competencia, de las personas que se juntan para ayudarse unas a otras y de los asistentes a una boda o a un funeral. Entonces veremos caras verdaderas.

¿Por que tenemos tanto miedo a mostrarnos? Abrir nuestro interior a la luz del día, por supuesto, es difícil. Si nos vamos a conocer, tenemos que estar dispuestos a compartir los miedos, enojos, que parecen disminuirme como persona. Y eso nos aterra.

Sin embargo, si nos aislamos, guardando nuestros secretos y nuestras emociones, sucede una extraña sensación interna que con el tiempo se convierte en una mochila muy pesada y eventualmente nos destruye.

Según el psicólogo John Powell, tenemos miedo a bajar la mascara por varias razones: miedo a la intimidad, miedo a la separación, miedo a la fusión, miedo al rechazo y miedo a la responsabilidad.

Nos da miedo la intimidad; Miedo a mostrar nuestro lado vulnerable, el lado oscuro. Por lo tanto, evitamos comunicarnos íntimamente.A otros les da miedo la separación. No quiero acercarme mucho a ti porque, quizá, después me dejes y eso me puede lastimar.Otros tememos la fusión. Si comparto todo con la otra persona pierdo mi intimidad, pierdo mi espacio, miedo a hacer invadido.

Miedo al rechazo; Que la otra persona nos conozca sin producción, a cara lavada, con defectos y virtudes, tal cual somos, nos angustia no ser del agrado de la otra persona.

Por último, existe el miedo a la responsabilidad. Si me acerco mucho, me involucro a fondo, y eso me obliga a estar cuando me necesites. No estoy dispuesto al compromiso.Con estos miedos, disfrazamos nuestro verdadero yo.
Disfrazamos uno de nuestros más fuertes y grandes atractivos: el encanto natural de uno mismo.

El secreto para evitar la soledad emocional y lograr la aceptación de los demás, paradójicamente, está en quitarnos las máscaras, de esta manera asumimos los riesgos y nos mostramos tal como somos, auténticos.

Cada vez que me pongo una máscara, lo hago para tapar mi realidad fingiendo ser lo que no soy.

Lo hago para atraer a la gente; luego descubro que sólo atraigo a otros enmascarados y alejo a los demás, debido a un estorbo: la máscara.

Cada vez que me pongo una máscara lo hago para evitar que la gente vea mis debilidades, luego descubro que como no ven mi humanidad; y al no ver lo que soy: sólo ven a la máscara.

Cada vez que me pongo una máscara lo hago para preservar mis amistades; luego descubro que cuando pierdo un amigo por no haber sido auténtico, es que realmente no era amigo mío, sino de la máscara.

Cada vez que me pongo una máscara lo hago para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que ofende a las personas con quien quiero intimar, es la máscara.

Cada vez que me pongo una máscara lo hago convencido que es lo mejor que puedo hacer para ser amado, luego descubro la gran paradoja… Lo que más deseo lograr con mi máscara, es precisamente lo que impido con ella.

(El autor de este texto es Gilbert Brenson)

miércoles, 19 de enero de 2011

Las Transformaciones del espíritu (Nietzsche)


El espíritu que está buscando Nietzsche; para el hombre es un espíritu libre, no subordinado a alguna forma para que el hombre llegue a ese estado de vida, tiene que pasar antes por un proceso que Nietzsche llama las tres transformaciones del espíritu, "de cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente el león en niño"

El camello. "Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseído de reverencia, es espíritu vigoroso y sufrido". De hecho, para Nietzsche, el hombre se ha vuelto como un animal de carga, lleva en sus espaldas una pesada carga de teorías y tradiciones religiosas porque tiene la esperanza de una supuesta vida eterna después de la muerte. Pero si nos ponemos a pensar sugeriría Nietzsche, nos daríamos cuenta que en el fondo nadie ha experimentado una vida así pensada, y por lo tanto; pensar de esa manera no estamos haciendo otra cosa que refugiarnos en una falsa idea, convertida quizás en monomanía. Esta idea debe ser erradicada de nuestra mente. En el fondo lo que queremos con esa idea de una supuesta vida eterna después de la muerte es encubrir nuestro patético miedo a morir. Debemos enfrentar la vida con todas sus contrariedades y contradicciones. Tenemos que asumir que la vida humana es bella, pero también trágica.

Asimismo, pensar que nuestra vida es sólo un peregrinaje a una vida verdadera, en el fondo lo que estamos haciendo es rehuir nuestra finitud, no queremos aceptarnos como seres exclusivamente limitados. Debemos reconocer que no somos dioses, sino de condición humana, y a veces tan humana que desearíamos dejar de serlo. Incluso el cristianismo diría Nietzsche, en nuestro caso el catolicismo, al igual que el platonismo, consideran que nuestra vida es un peregrinar de la vida finita a la "vida infinita", del tiempo a la eternidad; y por lo tanto resulta que la verdadera vida sólo se encuentra donde ellos la tienen pensada. Esa idea nos dice Nietzsche, no es real, porque ¿cómo podríamos afirmar con verdad y certeza un pensamiento de ese tipo si nadie está seguro si existe o no? El problema en esto dice Nietzsche es que el hombre está aún en condición de camello y lo único que hace es asumir un "yo debo". Cae, se levanta, y al igual que el camello lleva pesadas cargas, y "así marcha hacia su desierto"

Ese “yo debo” lo asume porque cree que de esa forma se ganará la vida eterna. En consecuencia, este hombre en condición de camello no hace otra cosa que aceptar los sufrimientos, acepta la vida como un valle de lágrimas por el hecho que según él no se encuentra en una verdadera vida. Cae y a veces se levanta con gran dificultad, pero tiene que hacerlo para ganar la eternidad, la verdadera vida feliz. Pero el hombre, no debe seguir viviendo y pensando de esa manera, debe convertirse de camello en león.

El león. Este caso Nietzsche dice, es la etapa del proceso de transformación antes mencionado, donde el espíritu "quiere conquistar su propia libertad, y ser señor de su propio desierto [...], quiere ser amigo de su señor y su Dios, a fin de luchar victorioso contra el dragón. De ahí que se puede decir que el león es aquel que sabe que el sentido de su vida depende de una elección, que la voluntad de poder es la realidad última de la vida. Tiene el valor de diseñar sus propios valores y vivir conforme a ellos; en consecuencia, la virtud por excelencia vendría a ser la autenticidad de los propios valores, el cambio de actitud frente a la vida.

Nietzsche dice; que en esta etapa de transformación del espíritu humano, el hombre experimenta su voluntad de poder, el "yo quiero". Por tanto, ningún valor debe ponerse por encima de mis propios valores, por encima de mi voluntad; pues el "yo quiero" implica asumir mi propia vida, decidir por voluntad propia y no que otros decidan por mí. Se trata por tanto de asumir un espíritu libre donde lo único que prima es la propia voluntad de poder.

Sin embargo dice Nietzsche, en esta etapa el espíritu humano, entendido como león, se enfrenta a un formidable adversario, el dragón. "Ese dragón no es otro que el "tú debes" [...] El "tú debes" le sale al paso como un animal escamoso y refulgente en oro, y en cada una de sus escamas brilla con letras doradas el "tú debes". Asimismo, esa lucha entre el "yo quiero" y el "tú debes" para Nietzsche es una lucha a muerte, donde uno de ellos tiene que salir victorioso y donde de ese triunfo depende, o bien la libertad del espíritu, o bien la esclavitud. Pero el resultado de esta batalla es el triunfo del león. Pero el león necesita convertirse en niño, es la última transformación del espíritu para conquistar su libertad absoluta y convertirse en superhombre.

Niño. El hecho de que el león haya triunfado no significa que permanecerá para siempre en ese estado de vida. Para que el proceso de transformación del espíritu humano llegue a su plenitud, el león se debe convertir en niño.

Si bien es cierto diría Nietzsche que el león ha triunfado y ha vencido al formidable dragón, en él anida un doloroso y lacerante recuerdo que le produce melancolía y hiere su espíritu, además recuerda su etapa de camello; entonces, ¿Cómo hacer para que esa experiencia vivida se vaya al olvido? Nietzsche diría que en este caso, la única forma que implique el olvido es la transformación del león a niño para evitar el efecto lacerante de la memoria. Pero "¿para qué habría que convertirse en niño el león? La respuesta sería para crear, "el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo, conquista ahora su mundo"

Por lo tanto, asumir el papel de niño implica un volver a empezar, asumir un nuevo "yo quiero", pero ya sin el recuerdo. El sentido es tener un espíritu absolutamente libre y no esclavo, porque la verdadera voluntad es la voluntad propia y no la de otros. Debemos ser como los niños que en su inocencia tienen su propia voluntad de poder y ningún recuerdo los perturba. Sólo con ese espíritu somos verdaderamente libres, superhombres; Nietzsche.

El que no cree en si mismo miente siempre.
Friedrich Nietzsche

martes, 18 de enero de 2011

Afrontar los miedos


El miedo es una de las emociones más peligrosas que pueden llegar a sufrir las personas. Si sufrimos de miedo lo más recomendable es que busquemos ayuda psicológica para poder superarlo.

El miedo es una emoción heredada del reino animal. Es una emoción con la que todos nacemos, cuya función adaptativa es la de protegernos o proteger lo que amamos ante estímulos que percibimos como peligrosos, siendo en este sentido beneficioso tanto para la supervivencia del individuo como para la de la especie.

A medida que fuimos evolucionando, el miedo se transformó en una emoción compleja que guarda estrecha relación con la educación, los modelos, la cultura, etc., y que puede funcionar como obstáculo en el camino hacia nuestros objetivos.

Miedo, pero, ¿miedo a qué? Miedo a fracasar, a las pérdidas, a equivocarnos, a las alturas, a volar, a no ser queridos, a emprender algo nuevo, a obtener un resultado diferente al imaginado, a formar una pareja, al futuro, a la vida, al éxito, a la muerte, la lista podría ser interminable. Cada cual podrá escribir la propia, coloreándola y justificándola con su propio estilo con el peligro inherente de transformarnos en fugitivos de la vida.

Preguntémonos: ¿cuántas veces hemos sentido miedo y dejamos de hacer cosas que podían ser importantes o trascendentes? ¿Qué precio hemos pagado por ello? ¿Cómo nos sentimos al comprobar que nos quedamos parados en la inacción? Pero gracias a la naturaleza dual de la cosas, muy probablemente también recordemos otras situaciones, aquellas que enfrentamos a pesar de nuestros miedos. ¿Cómo nos sentimos frente a esas otras experiencias? ¿Qué experiencia nos dejaron? ¿Cuál fue el impacto que tuvieron en nuestro crecimiento y en nuestra transformación personal?

Sucede que a veces, sin darnos cuenta, nos convertimos en expertos creativos de visiones catastróficas. Muchas veces construimos escenarios peligrosos, donde el peligro no existe como tal, donde los peligros acechando sólo existen en nuestra imaginación, pero cobran vida con nuestras interpretaciones y así buscamos ampararnos o refugiarnos en nuestro territorio conocido, en nuestra zona de confort, perdiéndonos las posibilidades magníficas que podrían ocurrir al transitar más allá del miedo.

Si el miedo nos tomó de rehén y se apoderó de nosotros es porque previamente uno o varios pensamientos negativos se instalaron y dan vueltas una y otra vez por nuestro cerebro. La buena noticia es que somos dueños de nuestra mente y que entre todas las categorías de pensamiento podemos generar voluntariamente pensamientos funcionales que nos guíen hacia el movimiento y la acción.

Para no quedarnos inmovilizados y vivir la vida que merecemos vivir, la única alternativa válida es atravesar la puerta que nos permita salir a jugar el juego que deseemos jugar. Tomando conciencia del miedo, reconociéndolo, aceptándolo y abrazándolo como un portador de buenas noticias y observando las explicaciones que le estamos dando a esa emoción, podremos continuar con el paso siguiente: afrontar la realidad, canalizar ese miedo en acciones concretas que nos llevarán por el camino acertado, al lugar elegido, aún corriendo algunos riesgos.

El mejor desafío: atravesar los miedos para transformarlos en experiencias positivas de vida. En definitiva atrevernos a SER, así, con mayúsculas.

Recordemos que el miedo es una emoción saludable porque nos alerta de situaciones peligrosas. Lo importante es comenzar a reconocer si los miedos que sentimos son realmente justificados o son imaginarios. No dejemos que el miedo nos venza y empecemos a enfrentarlo para poder vivir la vida que merecemos.