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miércoles, 26 de agosto de 2009

Síndrome de la abuela esclava


Un cuadro clínico patológico muy frecuente, grave, potencialmente mortal y que afecta a amas de casa en ejercicio activo. En apariencia los síntomas de estas mujeres son externos. Acuden una y otra vez a las consultas médicas por cansancio, hipertensión, subidas repentinas de azúcar, decaimiento o tristeza, pero nunca alcanzan a manifestar que llevan sobre sus espaldas la responsabilidad de sus casas, la de sus hijos y el cuidado de sus nietos. Es este exceso de trabajo, acompañado en la mayoría de los casos con la responsabilidad de hacerse cargo de niños pequeños, lo que les provoca un estrés familiar que no se atreven a confesar.

La falta de sinceridad, tanto hacia los médicos como hacia su propia familia, viene originada por una especial concepción de la responsabilidad, formada por una educación basada en la entrega a la familia. Sin embargo, sus cuerpos ya no soportan tanta tensión.
Son amas de casa con responsabilidades familiares que las sobrepasan, llegando a extenuarlas. Pero no se quejan, porque no estaría bien.

Esa falta de quejas es el principal problema para prevenir, ya que todas las dolencias intentan curarse con fármacos o incluso con internaciones. Una vez en el hospital y sin cargas domésticas, estas mujeres mejoran de forma notable, pero al volver a su rutina cotidiana resurgen los mismos síntomas, o incluso, otras enfermedades.

Algunas de las causas que pueden provocar este estrés son las siguientes:
Realizar trabajos o actividades extra-hogareños, sin liberarse de las obligaciones de ama de casa.
Familia numerosa
Ancianos, niños o enfermos a su cargo.
Hijos que, se independizaron, vuelven al hogar materno acompañados de pareja y/o hijos.
Enfermedades asociadas al natural envejecimiento que limitan la capacidad física y emocional de la paciente.
Ausencia o pérdida de ayudas domésticas.
Traumatismo emocional: enfermedad grave o fallecimiento de un ser querido. Separación conyugal propia o de un hijo.
Deterioro económico: Disminución del poder adquisitivo tras la jubilación. Fracaso de negocios familiares. Pérdidas patrimoniales.
Acumulación de obligaciones: Atender a familiares que residen fuera del hogar (hijos, nietos, parientes próximos).

Síntomas principales:
Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones muy bruscas, aparentemente caprichosas.
Molestias paroxísticas: sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o el tórax, dolores punzantes por el pecho, que cambian de un lado a otro, dificultad para respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos.
Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo desproporcionado respecto a sus actividades actuales. En el pasado soportaron tareas mucho más agotadoras sin sentir atisbos de cansancio.
Caídas fortuitas: las piernas no pueden sostener el cuerpo y la paciente cae al suelo, generalmente sin perder el conocimiento.
Malestar general indefinido: Casi nunca se sienten cómodas, a gusto ni relajadas, sin saber definir exactamente por qué.
Tristeza, desánimo, falta de motivación.
Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes. Alternan unas elevaciones alarmantes de las glucemias con descensos bruscos peligrosos, provocando mareos e incluso coma.
Autoinculpación. Se sienten culpables de su incapacidad actual.

Para poder dar solución a una situación de excesivo estrés familiar, se aboga por la implicación de la familia y de todo el entorno más cercano, ya que son los propios familiares quienes deben descargar de un exceso de trabajo a la abuela, aunque sin mermar su autoestima.

La curación o liberación definitiva se alcanza cuando se consigue el equilibrio entre los cometidos asignados a la abuela y su fortaleza física y emocional. De este modo, en el momento en que se cancelan responsabilidades excesivas y se produce un contacto equilibrado con la familia, la mujer con este síndrome siente una notable mejoría. Este síndrome se puede curar con tan sólo concienciar a las familias a través de los medios de comunicación. Pacientes que antes habrían venido a la consulta, ahora saben de dónde le vienen tantas molestias y están en disposición de combatirlas.
El autor del sindrome de la abuela esclava es el: Dr Antonio Guijarro Morales