Vivir es acumular experiencias, aprendizajes, alegrías y dolores emocionales. No siempre estos dolores emocionales son fáciles de llevar y convivir. Pedir ayuda profesional puede ahorrarnos años de sufrimientos y angustias.
Todos vivimos situaciones emocionales difíciles que desequilibran nuestro bienestar. A veces no comprendemos cómo llegamos a estar en determinadas situaciones y nos sentimos mal, desorientados, confundidos, dolidos, heridos o inmersos en una vida sin sentido.
Por increíble que pueda parecer aun hoy seguimos pensando que buscar ayuda es cosa de cobardes, es sinónimo de locura, de fracaso personal y un sin fin de explicaciones, justificaciones o quizás miedos. Pedir ayuda es sinónimo de que es necesario hacer cambios y los cambios nos dan mucho miedo.
Muchas veces nos preguntamos cuando es el momento de pedir ayuda y la respuesta a esta pregunta es bastante íntima e individualizada. Lo que debemos tener en consideración es que algún grado de sufrimiento es inherente al ser humano, pero cuando vivir las cosas normales se convierte en un gran sufrimiento y esta sensación se expande para todos los ámbitos de la vida, social, laboral, familiar, es el momento de pedir ayuda.
Algunas circunstancias o crisis existenciales marcan también el momento de buscar ayuda terapéutica; enfermedades crónicas, muertes y duelos, separaciones y divorcios, cambios bruscos o repentinos, trastornos psicosomáticos, etc. Cuándo sentimos que vivimos rodeados de problemas y no encontramos salida para nuestros problemas, es momento de pedir ayuda.
El trabajo terapéutico, al contrario de lo que se piensa, no es aquel en que el terapeuta apunta lo que uno debe hacer para resolver sus problemas, sino que ayuda a buscar los caminos que la propia persona desea seguir para descubrir sus problemas y descubrir las diferentes formas de actuar.
El gran objetivo de la terapia es que el paciente se descubra a sí mismo sin miedos y recelos. Es decir, que sepa identificar sus calidades, capacidades, emociones y también sus límites y como trabajar con ellos y de esta manera conseguir vivir mejor.
Gastamos mucha energía para desempeñar los diferentes papeles que llevamos a cabo diariamente y precisamos saber que hay que encontrar tiempo para cuidar de nosotros mismos, tanto físicamente como emocionalmente y espiritualmente.
Uno de los factores clave a la hora de superar una situación difícil es la disposición a pedir ayuda. Se trate de ayuda profesional o del apoyo de familiares y amigos, sentirse acompañado, escuchado y respaldado permite encarar el momento que se está viviendo con mayor fortaleza y confianza. Mientras que, al mismo tiempo, la mirada y la opinión de otras personas pueden generar una visión de la situación diferente, renovada, que ayude a salir del problema.
La función del psicólogo es escuchar. Escuchar implica sostener la angustia del otro. Implica dar un lugar al otro, reconocerlo como persona. Implica posibilitar un espacio de reflexión y subjetividad.
Pedir ayuda a un psicólogo no significa quedar atrapado, una vez más, en las eternas relaciones de infancia. Pedir ayuda a un psicólogo es pedir un espacio para reflexionar acerca de esos vínculos y hacerse cargo de la propia historia, del presente y del futuro.
Saco abrigadito
Hace 13 años
