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viernes, 19 de marzo de 2010

Desconexión


El síndrome de desconexión es muy común hoy en día. Es un mecanismo de defensa que provoca problemas para conectarse emocionalmente con los demás: el individuo no llega a entablar relaciones intensas ni cercanas con nadie y reduce su grado de compromiso emocional para no sufrir ni desilusionarse. Se disocian las ideas o los pensamientos de los sentimientos asociados.

Este mecanismo trata de evitar la repetición de sufrimientos del pasado y alejar la posibilidad de daño, pero no permite la participación saludable en la vida. La soledad interna es una estrategia defensiva desarrollada por experiencias emocionales de importancia, que, en su gran mayoría, fueron dolorosas y dejaron huellas imborrables. En muchas ocasiones, son la copia de algún modelo familiar que ha quedado hundida en el subconsciente. Pero este síndrome no suele alcanzar para evitar el dolor: mediante la falta de conexión se sufre, ya sea de manera palpable o inconsciente.

Inmersos en esta manera de vivir, en ocasiones las personas incluso tienen dificultades para identificar y dejarse llevar por las emociones que las embargan ante diversos hechos de su vida: tal es la sensación de alejamiento a la que se llega. Algunos individuos intelectualizan lo que les sucede y explican el aislamiento emocional de manera racional, con lo que intentan despojarlo de importancia y de sentimientos. Prefiero vivir sola porque mi última experiencia fue un desastre, no tengo amigos, no los necesito, después de lo que sufrí, nunca volveré a confiar en nadie y demás comentarios similares son generalizaciones que obviamente excluyen toda posibilidad de abrirse a relaciones sanas.

Con bastante frecuencia, la desconexión simplemente trata de eliminar la angustia y los desencantos del pasado. En vano, se trata de enmascarar esto con actitudes que rayan con la omnipotencia: yo puedo solo, me defraudaron tantas veces que, ¿para qué intentarlo? Esto aísla y hace que se forme una barrera al rededor del individuo. De hecho se arman sistemas de vida basados en esta premisa… que incluso son bienvenidos y hasta respetados por la sociedad.

Quienes se desconectan emocionalmente de su entorno por miedo a sentir un vacío, en realidad, lo están generando. De hecho se sienten incompletos aunque estén rodeados de afecto y de cariño, ya que no los registran internamente. Perciben que algo falta en su vida, pero no se dan cuenta de qué es y, si la razón verdadera aflora a la superficie, la acallan de cualquier modo.

Encerrarse en uno mismo no es bueno. Además del malestar emocional y espiritual, este desequilibrio puede trasladarse al plano físico y originar enfermedades diversas.

De hecho, hay estudios médicos que indican que ciertas enfermedades como la depresión, sus síntomas físicos, tales como insomnio y falta de apetito o apetito desmedido y los problemas que acarrea, entre ellos, mayor posibilidad de sufrir problemas cardíacos, se curan más rápidamente si uno goza de una vida emocional balanceada y satisfactoria. Esto implica compartir, tener relaciones de intimidad y confianza con, al menos, una o dos personas.

Solo conectarse con uno mismo tampoco es bueno. Hay gente que se preocupa desmedidamente por el bienestar propio y por el de nadie más, aunque tengan su propia familia o un círculo de amigos de larga data. Esta actitud de excesivo amor propio no es saludable e implica, en mayor o menor medida, egoísmo.

Una manera de acercarse a la plenitud emocional es la interacción con un grupo. A muchos hombres, por ejemplo, el practicar un deporte en equipo logra darles un grado de cercanía real, aunque no siempre verbal, con sus pares. Que después puede progresar y dar inicio a una amistad a nivel personal o familiar, que permite abrirse internamente y conectarse con el otro.

Somos seres sociales, precisamos a otros para desarrollarnos, para que nos contengan, nos apoyen, nos alienten, y poder ofrecer lo mismo. Conectarnos con otra persona a nivel emocional, de la manera que podamos, y abrirnos a esta comunicación, nos permite ir más allá de los bloqueos que tengamos para llegar a confiar en esta persona. Por más que nos hayan herido en el pasado.
¡!vale la pena intentarlo!!