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jueves, 10 de junio de 2010

Terapia Emotiva


En el funcionamiento humano existen tres aspectos psicológicos principales: pensamientos, sentimientos y conductas. Estos tres aspectos están interrelacionados, de modo que los cambios en uno producen cambios en otro. Si las personas cambian el modo en que piensan acerca de las cosas, sentirán de modo diferente y se comportarán de diferente manera.

Por ejemplo, si después de un fracaso en una tarea, piensas: soy un inútil que no hace nada bien; no vale la pena intentarlo, tus emociones y tu conducta serán muy diferentes que si piensas: bueno, he fracasado en esto, pero eso no me convierte en un inútil, solo en un ser humano que comete errores, como todos los demás; veré lo que puedo hacer para arreglarlo. En el primer caso, no es de extrañar que aparezcan sentimientos de depresión y que el comportamiento sea de abandono, mientras que en el segundo caso, puede sentir preocupación o cierta tristeza, pero estas emociones no serán lo bastante intensas e incapacitantes como para impedir solucionar el problema, seguir adelante y aprender cómo hacerlo mejor la próxima vez.

La terapia racional emotiva trata, las causas de las emociones humanas.
Los seis principios de la terapia racional emotiva

1) El pensamiento es el principal determinante de las emociones humanas. Los acontecimientos o las demás personas, aunque pueden contribuir, no nos hacen sentir mal o bien, sino que lo hacemos nosotros mismos en función de cómo interpretemos los acontecimientos y las cosas que pasen por nuestra mente.

2) El pensamiento disfuncional es la principal causa del malestar emocional.
Es decir, si al ir una mañana al trabajo, nos encontramos que el coche tiene una rueda pinchada, depende de uno sentirte furioso, pensando lo injusto que es, la mala suerte que tenemos, etc. o ansioso, pensando llegar tarde, el jefe se enojara, tendré que soportar su mal humor, o simplemente molesto, pensando qué se le va a hacer, tendré que cambiar la rueda y afrontar la consecuencias lo mejor que pueda.
De la misma manera, si, ante la existencia de cualquier problema emocional, como ansiedad, agorafobia, problemas de pareja, etc., analizamos lo que pasa por la mente de esa persona en cada momento, veremos cómo lo que se dice a sí misma está provocando que se sienta de un modo u otro y manteniendo su psicopatología.

3) Debido a que sentimos en función de lo que pensamos, para terminar con un problema emocional, tenemos que empezar haciendo un análisis de nuestros pensamientos. Si la psicopatología es producto del pensamiento irracional, lo mejor que podemos hacer es cambiar ese pensamiento. De hecho, es lo único que podemos cambiar, ya que no podemos cambiar directamente las emociones ni dejar de sentirnos mal sólo por desearlo.

4) Múltiples factores, tanto genéticos como las influencias ambientales (educación, etc.) se encuentran en el origen del pensamiento irracional y la psicopatología. De hecho, los seres humanos, parecemos tener una tendencia natural hacia el pensamiento irracional, no constructivo y la cultura en que vivimos moldea el contenido específico de esas creencias.

5) A pesar de la existencia de influencias del pasado en la psicopatología, la terapia racional emotiva enfatiza las influencias presentes, ya que son las responsables de que el malestar haya continuado a través del tiempo, a pesar de que las influencias pasadas hayan dejado de existir. La causa principal del malestar emocional no tiene que ver con el modo en que fueron adquiridas esas creencias o modos de interpretar la realidad sino con el hecho de seguir manteniéndolos en el presente. Así, si una persona evalúa su modo de pensar y lo cambia en el presente, su funcionamiento y sentimientos serán muy diferentes. Es decir, no es imprescindible ir al origen ni descubrir qué sucedió en el pasado, pues podemos trabajar directamente en el momento presente.

6) Aunque las creencias se puedan cambiar, ese cambio no va a suceder necesariamente con facilidad. Las creencias irracionales se cambian mediante un esfuerzo activo y persistente para reconocerlas, retarlas y modificarlas, lo cual constituye la tarea de la terapia racional emotiva.

La terapia
La terapia racional emotiva consiste en reemplazar esas creencias inapropiadas por creencias apropiadas y racionales. El método principal para hacer esto se llama debate de pensamiento y es, básicamente, una adaptación del método científico a la vida cotidiana. Es decir, si nuestros pensamientos son los principales responsables de nuestras emociones negativas inadecuadas, podemos sentirnos mejor si aprendemos a pensar por medio de un método científico según el cual dichas creencias son consideradas hipótesis cuya validez o invalidez habrá que determinar antes de ser aceptadas o rechazadas. Los pasos a seguir son los siguientes:

Descubrir las creencias que están en la base de los problemas y ver claramente que son ilógicas, no realistas y que causan malestar.

Aprender a debatir esas creencias y demostrarse a sí mismo cómo y por qué no están claras.

Discriminar las creencias irracionales y no constructivas de las racionales y constructivas, mostrando cómo estas últimas conducen a mejores resultados. Cambiar las creencias irracionales por creencias racionales.

martes, 23 de febrero de 2010

Ataque de pánico


Un ataque de pánico dura varios minutos, y se considera una de las situaciones más penosas que una persona pueda experimentar. Es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso, que es acompañada de al menos 4 de un total de 13 síntomas.

Síntomas de un ataque pánico
Fisiológicos
Palpitaciones
Sudoración
Temblores o sacudidas
Sensación de ahogo
Sensación de atragantarse
Opresión o malestar torácico
Náuseas o molestias abdominales
Inestabilidad, mareo o desmayo
Parestesias (entumecimiento u hormigueo)
Escalofríos o sofocaciones.

Cognitivos
Despersonalización
Miedo a descontrolarse o volverse loco
Miedo a morir.

Todos los que sufren un ataque sufrirán otros más. Cuando una persona sufre continuos ataques o una fuerte ansiedad por miedo a tener otro ataque, padece trastorno de pánico. Este trastorno puede desencadenar otros problemas psicológicos. Por ejemplo, si una persona sufre un ataque de pánico mientras maneja un auto, hace compras en un shopping o se encuentra dentro de un ascensor; puede generar miedos irracionales llamados fobias y comenzar a tratar de evitar estas situaciones. En un tiempo, la necesidad de evitar estas situaciones y el grado de ansiedad por miedo a otro ataque, logran que la persona no quiera moverse de su casa. En este momento, la persona sufre trastorno de pánico con agorafobia.

El trastorno de pánico es una enfermedad crónica muy incapacitante y su grado de severidad es proporcional al descenso de la calidad de vida.
Generalmente las personas tardan años en saber su diagnóstico, debido a que es una enfermedad con síntomas que simulan una afección cardiaca o una enfermedad que amenaza la vida. Por regla general, la persona con pánico acude a salas de emergencia cuando sufre un ataque y se le hacen pruebas exhaustivas que denotan para sorpresa del paciente y sus familiares, una salud casi envidiable.

Como si fuera poco, algún doctor puede expresar: No es nada serio, son nervios, no hay de que preocuparse. La persona sigue padeciendo los síntomas, cada vez reduce más su vida, y lógicamente se deprime.
El trastorno de pánico afecta a una de cada treinta personas. Afecta a tres mujeres de cada hombre, su edad de inicio es entre los 25 y 30 años, aunque puede observarse en niños, como ansiedad de separación de los padres o manifestándose como fobia escolar; también se puede dar en personas mayores de 30 años.

Si el trastorno de pánico no es tratado, se cronifica, con períodos con cierta mejoría ocasional. El ataque de pánico no es peligroso para la salud y nunca puede desencadenar la muerte, pero su gravedad radica en la invalidez psicológica que produce en la persona que lo padece. Es una enfermedad altamente tratable, y las últimas investigaciones científicas concluyen que el tratamiento más eficaz es la combinación de terapia farmacológica y terapia cognitivo-conductual.

El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad caracterizado por la presencia de crisis de síntomas neurovegetativos, palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, de atragantarse, etc. cognitivos miedo a volverse loco, temor a morir, etc. y conductuales evitación de situaciones ansiosas.

Si el trastorno de pánico es leve o moderado, y el grado de incapacidad de la persona no es tan marcado, es aconsejable sólo un tratamiento psicológico con terapia cognitivo-conductual. En los casos más graves, es indispensable comenzar con medicación.

El tratamiento farmacológico debe estar a cargo de un médico psiquiatra, preferentemente especialista en trastornos de ansiedad; y debe ser por un tiempo determinado. La dosificación de la medicación debe ir en descenso, en la medida en que el paciente mejore y este recibiendo tratamiento psicológico. Por este motivo, la importancia de la combinación de los tratamientos.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Reacciones alérgicas, psicológicas


Existe una relación muy estrecha entre enfermedades alérgicas y trastornos psicológicos, en especial, en pacientes que sufren de erupciones cutáneas en todo el cuerpo y edemas en las mucosas.
En una respuesta alérgica psicológica, la persona experimenta cambios mentales o emocionales. Éstos pueden variar desde sentirse deprimido o desorientado hasta hiperactividad y drásticos cambios de humor.

Hay una relación entre esta alergia y los trastornos de pánico y agarofobia, miedo a los espacios abiertos y a la multitud. También se destaca la relación entre la ansiedad anticipatorio y este tipo de alergia.
Muchas personas con alergias, sobre todo si tienen síntomas psicológicos, utilizan remedios cuyo efecto no ha sido comprobado. No existen pruebas de que altas dosis de vitaminas puedan ayudar; en cambio sí pueden desequilibrar la nutrición.

Muchos médicos y especialistas en alergias se ríen ante la idea de que una alergia pueda afectar a las emociones y el comportamiento. Sin embargo, muchos pacientes describen los síntomas psicológicos que sufren después de exponerse a un alergeno específico. Se desconoce si estos síntomas son realmente causados por la interacción entre anticuerpos o alergenos o son el resultado de otros síntomas de sensibilidad. Por ejemplo, una persona alérgica al polen experimenta picazón, congestión, lagrimeo, o estornudos durante la tradicional estación de primavera. Al mismo tiempo, la persona puede también sentirse deprimida, aislada e irritable.

Las personas alérgicas presentan un comportamiento ansioso; En cuanto a la personalidad, predominan los rasgos neuróticos, inestabilidad psicológica, labilidad emocional, hiperactividad e hipersensibilidad, con características de extraversión con alta disposición personal a la ansiedad.
Existiría básicamente un trastorno de la capacidad para expresar adecuadamente las emociones.
Como consecuencia se puede decir que el riesgo más importante de los alérgicos es la aparición de la ansiedad, tanto anticipatorio como disposicional, que es el rasgo que aparece con más frecuencia.
La ansiedad es una emoción normal que tiene como objetivo preparar al organismo ante situaciones de riesgo con el fin de movilizarnos para la acción.

Los Síntomas son:
Depresión sin causa aparente
Cambios drásticos de humor
Períodos de irritabilidad
Hiperactividad o letargo
Fatiga inusual
Pérdida del apetito.

Un abordaje psicológico terapéutico efectivo es una modalidad de Psicoterapia que incluya técnicas de desensiblización, de modificación de creencias negativas o incorrectas, de un cambio en la forma de ver el mundo y otras técnicas específicas para estos casos.
La Psicoterapia resulta eficaz para este tipo de trastorno lográndose efectos duraderos en la mayoría de los casos.
La reducción del stress también es necesaria, por lo cual se pueden incluir técnicas de relajación y respiración, ejercicios físicos, yoga, etc.

Los cambios en la alimentación también son aconsejables, por ejemplo: eliminando el consumo de café, chocolate, azúcar, tabaco y alcohol, reduce considerablemente la ansiedad.