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martes, 3 de agosto de 2010

Una mente indomable


La psicopatía no implica necesariamente cometer hechos delictivos pero sí indica un alto grado de peligrosidad. La personalidad del psicópata es muy compleja, como lo son sus causas y, por consiguiente, su tratamiento. Sabemos cómo actúan, cómo se comportan pero es difícil saber por qué lo hacen.

La psicopatía es un trastorno de la personalidad caracterizado por una incapacidad de mantener una relación plena con otras personas. El psicópata considera a los demás como un medio para satisfacer sus necesidades, sólo siente aprecio por sí mismo, es egocéntrico, se cree el centro del mundo y manipula a los demás.

Tiene emociones muy particulares: incapacidad de empatía, no se emociona no sufre en sus relaciones familiares o de amistad, finge emociones que no siente, se excita con el riesgo y lo prohibido, hay algo que les impide aceptar las normas e ir en contra de lo establecido, falta de sentimientos de culpa, algunos suelen ser muy inteligentes y tener encanto personal ficticio, pueden ser encantadores con los demás hasta que consigan satisfacer sus necesidades y conseguir lo que desean. En situaciones angustiantes que desestabilizan a los demás, tienden a reaccionar con mucha frialdad y tranquilidad, suelen ser mentirosos, no se sienten culpables ni sienten vergüenza ante sus acciones, por muy incalificables que estas sean.

La psicopatía hay que entenderla como una combinación entre predisposición biológica y factores sociales. Se trata de un trastorno con una base genética y que el ambiente tiene un papel desencadenante del tipo de vida antisocial que tienen las personas con este trastorno. Se están llevando a cabo muchas investigaciones y cada vez hay más avances que van a ayudar a descubrir cuáles son los factores biológicos que intervienen, que hoy se desconocen. Su mente está afectada por experiencias vividas en su infancia o adolescencia. Infancia traumática, abandono, malos tratos, abusos, violaciones, rechazo, etc. Todo esto causa un efecto en la mente del psicópata y es lo que le motiva a vengarse con la sociedad de todo lo que le ocurrió.

Los psicópatas no tienen freno, ni siquiera con sus familiares más cercanos; abusan y mienten porque no sienten respeto ni interés por las reglas y la vida. No planean ni enjuician bien, y esto los lleva a que no puedan visualizar el futuro ni medir las consecuencias. Viven el día a día, buscando qué obtener de los demás.

La psicopatía es un trastorno de la personalidad, de base, por lo cual es crónico (incurable). Para tratarlo, se requiere un enfoque interdisciplinario: un psiquiatra, un neurólogo, un psicólogo. Algunos clínicos utilizan fármacos antipsicóticos para controlar la impulsividad, entre otras drogas. Si bien aún no se han descubierto programas eficaces para su resocialización, resultando las psicoterapias muy poco exitosas con estos pacientes, esto no significa que sus actitudes y comportamientos sean inalterables.

El terapeuta debe trabajar, en primer lugar, su falta de conciencia de enfermedad, su falta de empatía, su impulsividad y su insensibilidad. Esto puede resultar una ardua tarea, pero debe continuarse la búsqueda de técnicas clínicas efectivas para estos sujetos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Instrumentos de la psicología


Al igual que el cuerpo, la mente humana debe luchar por mantener su salud, y las múltiples formas modernas de terapia psicológica tratan de estimular y apoyar este proceso.

Las complejas relaciones entre la mente y el cuerpo son actualmente reconocidas y existen grandes evidencias de que muchas enfermedades son producidas por factores psicológicos. Todas las terapias complementarias promueven la idea del cuerpo como un todo, así como que debe ser tratado holísticamente.

Las influencias psicológicas, como el estrés, las preocupaciones, la depresión y la ansiedad tienen un enorme impacto sobre la salud y están implicadas en un gran número de enfermedades, incluidas la migraña, el asma, trastornos digestivos, dolor crónico y problemas de la visión. Diversos factores han propiciado la aparición de muchas psicoterapias, en un principio diferenciadas entre sí: psicoanalista, conductista, humanística, cognitiva, etc.

Terapia integradora, apoyándose en técnicas conductistas para afrontar fobias, técnicas cognitivas de afrontamiento del estrés, o en una psicoterapia centrada en las emociones para abordar problemas de baja autoestima. Y todo ello, estudiando los recursos propios del paciente, reforzando sus cualidades y trabajando conjuntamente terapeuta paciente para conseguir la capacidad de afrontar las dificultades de la vida cotidiana o problemas arraigados, utilizando la psicoterapia como vía de autoconocimiento y superación personal. Mediante el trabajo conjunto, terapeuta y paciente pueden llevar un problema a un punto de inflexión: el comienzo de algo mejor.

La terapia de conducta entiende la salud y la enfermedad como una conducta adaptada e inadaptada como principal resultado de la historia de aprendizaje de cada uno. En la terapia conductual las "leyes del aprendizaje" son la base de la conceptualización de explicar los trastornos psicológicos.

Terapia Conductual:Los terapeutas de conducta centran el tratamiento en el cambio de la conducta observable en sí misma. En este abordaje teórico se entiende que la conducta desadaptada puede ser reducida o eliminada y adquirir nuevas conductas que sean más adaptadas a la situación. Este cambio se promueve tratando los síntomas (conductas inadaptadas aprendidas) de forma profunda, conociendo cuáles son sus características y cuáles son sus antecedentes y consecuentes, así como los factores organísmicos que las hacen presentes.Los resultados muestran que la intervención conductual es una de las terapias más eficaces para afrontar un trastorno de ansiedad o trastorno de pánico y fobias.

Terapia Cognitiva:
Este abordaje teórico da mucha importancia a los procesos mentales. Desde la perspectiva cognitiva, toda la información se organiza como esquemas cognitivos que se reflejan en esquemas específicos para cada área de la vida, como son los esquemas sociales, esquemas sobre uno mismo y sobre otros.
La persona controla las emociones controlando los pensamientos propios. En problemas de depresión, baja autoestima y sentimientos de culpa, se presenta una distorsión cognitiva con pensamientos negativos acerca de sí mismo, del mundo y del futuro que pueden identificarse y modificarse con la intervención cognitiva.

Terapia Constructivista:
En una segunda línea de la terapia cognitiva encontraríamos la terapia constructivista que, a diferencia de la cognitiva, la perspectiva construccionista postula que no se puede acceder al conocimiento objetivo de la realidad, que la persona tiene un papel central en la construcción de la realidad (proactivo) por medio de sus experiencias, e influido por los patrones culturales, sociales, psicológicos y de género, así como por las propias limitaciones sensoriales.

Hipnosis:
La hipnosis no es una forma de terapia como la terapia conductual o la terapia cognitiva ni una profesión o ciencia. Es una técnica o procedimiento que puede facilitar la terapia psicológica. Por tanto, es una herramienta psicoterapéutica de gran potencial que nos permite conectar con los recursos internos de la persona, con su sabiduría interna y con su potencial curativo. No existe así, la profesión de hipnoterapeuta. La hipnosis es algo muy distinto del sueño. El hecho de cerrar los ojos es porque se facilita la concentración, pero se puede hipnotizar a una persona con los ojos abiertos. Durante la hipnosis no hay ningún tipo de pérdida involuntaria de control. Durante el estado hipnótico, el sujeto es dueño de sí mismo y hace solamente aquello que acepta hacer. Es decir, que una persona no hará en estado hipnótico aquello que no desearía hacer en estado de no hipnosis. Es importante saber que no es que una persona hipnotiza a otra, sino que una persona entra en un estado de concentración y relajación y otra le explica cómo hacerlo, lo guía.
Algunas personas responden mucho a las sugestiones hipnóticas y otras no.

El conocimiento más práctica crea la sabiduría.

sábado, 1 de agosto de 2009

La Carcel Emocional


La mayoría de nosotros vivimos en una cárcel emocional porque queremos ser buenas personas. Nos rodeamos de una serie de suposiciones sobre el "deber ser" que a menudo poco o nada tienen que ver con nuestros deseos y habilidades. Como consecuencia de esto último, casi siempre termina en frustración, fracaso o desilusión. Los seres humanos no podemos dominar factores como el clima y otros fenómenos de la naturaleza que suceden a espaldas de nosotros; podemos, sin embargo, aprender a enfrentar cosas que no controlamos. Por falta de conocimiento, imaginación o información hemos construido enormes barreras a nuestro alrededor que nos impiden valorar nuestras verdaderas posibilidades.

Lamentablemente, nuestras barreras interiores están íntimamente ligadas con las exteriores, de manera que si nos sentimos atrapados por dentro, por lo general tenemos muy poca energía para resolver lo que ocurre en el mundo exterior con cierta creatividad. Además contamos con carceleros interiores, nuestros temores, que se encargan de paralizarnos cada vez que una acción es necesaria. Si tenemos miedo, no nos movemos. Estos carceleros, por supuesto, se alimentan de nuestras propias maquinaciones y han crecido, por lo general, de lo que alguna vez nos amenazó en nuestro pasado -figuras de autoridad-, por ejemplo, de las que todavía no podemos desprendernos.

Una manera de liberarnos de nuestra cárcel emocional es pensar: "Para mí hay algo más que esto y me arriesgaré a averiguar qué es". Esta frase sencilla conduce a la esperanza, la cual lleva al encuentro de posibilidades nuevas. Siempre estamos tratando de liberarnos de la cárcel de nuestras emociones. La mayor parte del tiempo es una tarea incómoda. Por lo general lo intentamos rogando, amenazando o complaciendo personas, en la esperanza de que sean otros los que nos resuelvan nuestro problema. Esto tendría sentido si nuestros carceleros habitaran fuera de nosotros. Pero esto no ocurre así. Debemos entonces arriesgarnos a analizar la manera en que trabajan nuestros pensamientos y sentimientos, nuestro cuerpo y nuestra alma. De este análisis surgirán, sin duda, creencias que podemos cuestionar a medida que vayamos descubriéndolas.

Una vez liberado de viejas creencias que ya no sirven en nuestra vida, se avanza hacia un territorio desconocido del cual no existe mapa. Cada uno lo traza conforme camina. En esto consiste el riesgo y el desafío. Como todo el que se abre camino en la selva, se puede partir del punto que se desea. Un lugar parecerá prometedor. Una vez allí, puede no llenar nuestras expectativas y será necesario tomar otra dirección. Si se llega al lugar correcto, podemos encontrar que da más de lo esperado y que, como resultado, muchas puertas se abren. Todo esto forma parte del descubrimiento. No hay una ruta determinada que se pueda trazar con anticipación. Sólo se sabe dónde se ha estado una vez que se llega ahí. Muchas personas pierden batallas externas porque gastan su energía interior. Nuestra vida interna y nuestras acciones exteriores están relacionadas. Uno alimenta a la otra. De niños, la mayoría de nosotros aprendimos a conformarnos y a ser obedientes.

Cualquier dolor que tuvimos lo guardamos, creyendo que eran cosas de la vida. Así nació nuestra cárcel emocional. Cuestionar lo que está en nuestra cárcel es un paso grande. Nos pone ante lo desconocido. La lucha es difícil y el camino a seguir no siempre está a la vista. Sin embargo, si logramos convertirnos en exploradores al servicio de nosotros mismos, nos liberaremos y haremos posible el avance hacia un futuro mejor.

viernes, 22 de mayo de 2009

Emociones


Las emociones

Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.

Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes y siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano.

Pero las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. De todas formas, es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura del individuo, aunque nos puede ayudar a intuirla.Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enojo o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados.

Existen 6 categorías básicas de emociones:

MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.

Sorpresa: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es transitoria.

Aversión: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.

Ira: Rabia, enojo, irritabilidad, resentimiento, furia.

Alegría: Diversión, euforia, gratificación, da una sensación de bienestar, de seguridad.

Tristeza: Pena, soledad, pesimismo.