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viernes, 8 de febrero de 2013

Psicosis – Neurosis



Sus diferencias:
La psicología forma parte cada vez más de nuestra vida cotidiana. Es frecuente recibir información en los medios de comunicación sobre psicosis, alucinaciones, delirios, neurosis, fobias, miedos, ataques de pánico, psicópatas, depresión, ansiedad, hiperactividad, déficit de atención, psicólogo, psiquiatra, neuropsicólogo, logopeda, anorexia, bulimia, trastorno de personalidad, estrés postraumático.

En ocasiones estos términos tienen un significado bien definido para los profesionales dedicados a la salud mental, pero fuera de éste entorno no siempre es así.

Psicosis y neurosis son dos términos que, en psicología, están íntimamente relacionados, por lo que no es extraño que tendamos a confundirlos. Sin embargo, la realidad es que se refieren a trastornos muy distintos, sobre todo en lo que atañe a su gravedad.

Las psicosis designan un grupo de enfermedades que implican la pérdida de la noción de la realidad, haciendo que la persona la reinterprete por completo, principalmente debido al hecho de que no cuenta con mecanismos suficientes para soportarla y hacerle frente. Entre estas enfermedades tenemos la esquizofrenia o el trastorno delirante crónico. En este tipo de dolencias el enfermo no es consciente de que padece una enfermedad, y vive su reinterpretación como si fuera la realidad.

Por ello es muy habitual que estas personas se crean con una misión especial que los demás no comprenden o que se convenzan de que existen confabulaciones contra ellos (sensación de que hay alguien que controla su pensamiento)

En las neurosis, por el contrario, el paciente sí es consciente de que padece una enfermedad y sufre por ello. La neurosis es realmente una búsqueda de adaptarse y soportar una realidad que, de otra forma, no podría ser asimilada por el sujeto. De ahí vienen algunos comportamientos que, aunque incomprensibles para quienes no padecen dichos trastornos, como ocurre en los enfermos con trastorno obsesivo compulsivo, para ellos es una conducta que tiene una finalidad muy obvia, consistente en eliminar la angustia que sienten ante situaciones que no pueden dominar.

Otra diferencia esencial entre ambos trastornos es el hecho de que la neurosis, aunque nos puede impedir realizar actividades determinadas, no afecta en gran medida con las actividades de la persona, mientras que en el caso de las psicosis al sujeto le imposible llevar una vida normal.

De forma esquemática podemos decir que alguien sufre un trastorno de tipo psicótico cuando tiene ideas delirantes o alucinaciones, sin conciencia de que sean debidas a ninguna patología o anormalidad. Ésta definición nos introduce otros dos términos bastante comunes en el lenguaje coloquial: la alucinación, es percibir con alguno de nuestros sentidos algo que no existe objetivamente para otros observadores: oír una voz de alguien que está hablando, ver cómo una estatua se está moviendo… Se entiende por idea delirante aquellas ideas que partiendo de un hecho cierto, la persona crea una interpretación de las causas o relaciones que tiene con otros hechos aparentemente aislados, haciendo que gran parte de su tiempo lo dedique a buscar nuevos datos. Normalmente todo tiene que ver con amenazas relativas a uno mismo. En función de la gravedad la persona duda en algún grado de la veracidad o no de los datos.

Es importante matizar que una alucinación no es oír un ruido que otros no han oído, o ver algo de forma fugaz y que otros no han lo hayan percibido, en este caso podemos hablar de sensaciones, de interpretaciones, etc. Normalmente en estos casos se produce angustia en la persona que lo ha vivido por el miedo a que sea algo malo, un síntoma de una enfermedad, no en sí por lo ocurrido. En el caso de la idea delirante, no hay que confundirlas con las ideas de tipo obsesivo.

Estas son interpretaciones que se hacen de la realidad con el fin de encontrar una certeza total ante algo que preocupa mucho, como por ejemplo ¿me está siendo infiel mi pareja?, ¿me quedaré sin trabajo?, ¿estaré siendo un pesado? Estas ideas hacen que se busque continuamente pruebas, datos de hasta qué punto algo es cierto.

domingo, 13 de junio de 2010

Violencia


La violencia de género es un problema complejo que tiene dos grandes víctimas, las mujeres como primer objetivo, y los niños, que son víctimas invisibles, hijos de la violencia doméstica.

Se define violencia familiar como el comportamiento consciente e intencional, que causa un daño físico, psíquico, jurídico, económico, social, moral, sexual, o personal, a otro miembro de la familia.
La violencia de género hace referencia al maltrato físico, psíquico o sexual que reciben las mujeres por parte de los hombres con quienes conviven o han convivido en relación íntima.

La violencia de género se dirige sobre las mujeres, por su condición de tales, pues sus agresores consideran que carecen de los derechos mínimos de libertad, respeto y discernimiento. Es una situación que está perdiendo su carácter de privada, para tomar relevancia como problema social.

Maltrato infantil es cualquier acción, omisión o negligencia, no accidental, perpetrada por individuos, instituciones o la sociedad en su conjunto, que priven a los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes, o dificulten su óptimo desarrollo.

La incidencia de la violencia familiar y de género en los hijos;
Los hijos del maltrato doméstico, aún sin ser víctimas directas de la violencia física o psicológica, son receptores directos de la violencia contra sus madres.

Los niños vivencian la angustia, temor, inseguridad y tristeza de la madre, y esto les produce gran confusión e inseguridad.La angustia se manifiesta como trastornos físicos, enuresis, terrores nocturnos, alteración del sueño, trastornos alimentarios, agotamiento, ansiedad, estrés, depresión, etc.

La tarea de la UNICEF, desde sus inicios, ha sido de gran importancia y ha tenido una fuerte influencia en la infancia del mundo, realizando obras tan importantes que le han permitido ganar premios tan reconocidos como el Nóbel de la Paz. Este ente señala que presenciar o escuchar situaciones de violencia, aunque ellos no sean receptores directos, provoca efectos psicológicos negativos en los hijos de madres maltratadas, pues padecen violencia psicológica, que es una forma de maltrato infantil, recogida en el artículo 19 como “violencia mental”.
El hecho de convivir con la violencia familiar los convierte en víctimas, por ser testigos presénciales de la misma.

En la mayoría de los casos, también los niños son víctimas de la violencia física. Esto tiene como consecuencia que se desarrollen pensando que la violencia es una pauta normal en la relación con los adultos.Estos niños, constituyen su personalidad en función de la violencia, interiorizan los roles del maltratador o maltratada, los patrones de conducta violenta, y no discriminan lo que es correcto de lo injustificable.

La violencia doméstica, ocurre durante la etapa de maduración psicológica del niño, donde una figura referente como el padre, arremete al agente socializador por excelencia que es la madre. Los hijos de un maltratador crecen en el miedo, son propensos al estrés traumático, depresión y trastornos de personalidad. Y esto sin necesidad de que sean objeto directo del maltrato.

En definitiva, la violencia familiar doméstica siempre afecta a los hijos, ya sea como testigos o como víctimas directas de las agresiones.Los trastornos psicológicos que presentan estos niños son similares a los presentados por sus madres. Esto afecta las emociones, valores, pensamientos, rendimiento escolar y su adaptación social. Serán niños que manifestaran conductas agresivas, antisociales, desafiantes. Y que internamente sus sentimientos sean de inhibición, miedo, baja autoestima, ansiedad, depresión, síntomas somáticos.

Hay gente especializada para ayudar a las personas que sufren violencia domestica, les dejo un enlace, hay algunas direcciones de nuestro país, para pedir ayuda.

http://www.rimaweb.com.ar/violencias/asistencia.html

jueves, 17 de diciembre de 2009

Síndrome de Couvade


“Estamos embarazados” es la frase que cada vez más parejas eligen para dar la gran noticia.
Algunos futuros padres presentan cierta sintomatología durante la gestación de su Esposa, pareja, novia: náuseas, vómitos, antojos, dolor de cabeza o espalda, depresión, cambios repentinos en el estado de ánimo, aumento de peso e insomnio, entre otros.

Varias teorías intentan explicar este síndrome, tanto desde la psicología como desde la medicina, porque cada vez más hombres transitan el embarazo de su pareja en carne propia.
Se han realizado estudios en los hombres embarazados que demuestran la existencia de una variación en los niveles hormonales, por ejemplo, de gonadotropina coriónica, la hormona del embarazo y progesterona. Los científicos tienden a explicar la existencia de un embarazo por imitación.

Hoy en día, los roles se han transformado. La mujer, que sale a trabajar, dejó ese espacio de intimidad y de resguardo dentro de su hogar. Esto hizo que los hombres empezaran a tener un rol más participativo en la crianza primero, y después en el embarazo y en el parto de sus hijos. Buscan estar más cerca de sus mujeres. Muchas veces lo hacen a través de la identificación.
Existen dos enfoques diferentes en torno al Síndrome. Uno ubica las causas en los cambios hormonales y el otro desde el punto de vista psicosocial.
Este fenómeno pertenece a la esfera psicofísica, con un componente emocional que viene determinado por la imagen que tiene ese papá acerca de su rol como progenitor, como cuidador de ese embarazo, como compañero de su pareja.

Síndrome de Couvade al involucramiento del hombre en el embarazo, a una mimetización con su pareja, o bien, a la angustia propia de los cambios y responsabilidades que llegan con los hijos. Estas investigaciones señalan que el padre está en incertidumbre con situaciones como el cambio en la relación con la pareja, el nacimiento y el temor a no ser un buen padre.

Este síndrome es casi exclusivo de los papás primerizos, lo que no es casual, ya que, por tratarse de una experiencia totalmente nueva, hay mucha expectativa. Cuando ya hay otro hijo en la casa, en general el hombre vuelca toda su atención en éste, mientras la mamá se encarga del segundo.

Los síntomas del papá embarazado aparecen después de los primeros meses de gestación, cuando la panza delata que efectivamente un bebé está en camino y, con él, los roles que la pareja tendrá que desempeñar.

Las variaciones individuales que se presentan son habituales y pueden colaborar en la aparición del síndrome: no se comporta de la misma manera un hombre que junto con su pareja ha perdido varios embarazos que aquél que se presenta ante el reto de un primer hijo, o el que enfrenta un embarazo no deseado o no planificado del que sí, o el que siente que no va a poder cumplir con las obligaciones, que la paternidad conlleva.


Es decir que la paternidad, al ser una entidad que se construye tanto individual como socialmente, puede operar como disparador de distintas cuestiones que adoptan la forma de síntomas.

Es fundamental que la mujer escuche a su hombre, porque más allá de que ella sea la protagonista, a él también le suceden muchas cosas. Necesita sentirse incorporado para la paternidad, y hay que darle ese espacio: a veces las mujeres queremos que el hombre se haga cargo del bebé como a nosotras nos parece, y si, por ejemplo, le cambia los pañales, estamos atrás supervisándolo.

Hay que darle un lugar al papá para que pueda conectarse con ese bebé.

Ser padres es una responsabilidad tan grande, que muchas veces se reacciona como se puede, y no como se quiere. Poder reconocer lo que le pasa a cada uno es lo que hace la diferencia en la pareja, y lo que les permitirá vivir ese momento con la felicidad que merece.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La Tanatologia


La muerte ha estado presente en nuestras vidas desde hace millones de años. Es un tema límite y tabú que nos sorprende y aparece intempestivamente. Nos enfrentamos a ella con negación y resistencia; desde lo contra transferencial surgen mis propios miedos, y una especie de defensión maníaca al pensar en ella.

Hablar de Tanatologia es necesariamente referirse a la muerte y remontarnos a su etimología griega: Tánatos, era la personificación de la muerte no violenta, su venir era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, referirme al origen o historia del término, hacer una aproximación de la Tanatologia a la clínica de hoy, desde la pulsión de vida.

En lo contra-transferencial, percibía que en mi familia había dos temas innombrables: uno era el aborto y el otro la muerte. Esto no se permitía, ni siquiera por acto fallido; hay una sensación de que también la psicología hace sus acting out frente al tema, tal vez porque independiente del momento histórico en que vivamos la muerte siempre será el fin de nuestro ser y nuestra identidad desde el imaginario social.

En la sociedad de hoy, se ha avanzado significativamente en lo relacionado con los pacientes terminales. Por un lado el aporte de la ciencia médica y por otro la terapia del dolor. Sin embargo, pareciera que ambas no dan abasto en los cuidados paliativos del enfermo en su fase final. La Tanatologia como rama de la medicina se preocupa de los procesos relacionados con la muerte, por medio de un equipo interdisciplinario, asiste al paciente y a su familia antes, durante y después de la muerte del paciente, en esta última etapa, apoya a los familiares en la elaboración del duelo.

La Tanatologia ha hecho que resurja el interés y respeto por la muerte, su praxis se centra en la calidad de vida del enfermo, desde que se declara la enfermedad incurable hasta el último minuto de vida, trabajando con el paciente y sus conflictos, su transición a la muerte, sus sufrimientos y sus deseos. Esta disciplina está orientada a establecer entre el paciente terminal, su familia y el personal medico un vínculo de confianza y esperanza con la finalidad de que el enfermo tenga una muerte adecuada y digna. Una de las tareas nobles de la Tanatologia es la de darle un significado a la muerte desde la subjetividad del paciente, desde el ideal del ego de éste, mostrándole que la muerte puede ser un agente de cambio en lo que quede de vida.

Según la Tanatologia los pacientes que padecen una enfermedad terminal, pasan por cinco estadios antes de morir:
1) Rechazo y aislamiento
2) Cólera
3) Negación
4) Depresión
5) Aceptación.

Es aquí donde más sentido cobra la labor del psicoanalista y su praxis, ofreciendo al paciente un acompañamiento compasivo, comprendiendo que este sujeto necesita desprenderse de sus culpas, sus conflictos y de su sociedad que no lo preparó para vivir desde lo espiritual sino desde lo corpóreo.

El analista puede mostrar a su paciente que es capaz de resignificar su sufrimiento y rearmar su biografía a partir de ese quiebre físico, emocional y psíquico que implica saberse como sujeto terminal, que no quiere renunciar al cuerpo ni la búsqueda frenética de lo que ya tiene y que siente la falta de lo que no podrá realizar. Ojala pudiéramos comprender al enfermo terminal, reconociendo a ese otro que existe escindido entre la dualidad de morir y vivir, sucumbir y trascender, sufrir y sublimar, poseer y desapegarse. Cómo no sentirse afectado en la práctica clínica frente a un paciente moribundo.

Freud se movilizó frente al tema cuando en el siglo XIX habla de muerte, como algo que no puede ser representado en lo inconsciente, algo que probablemente nunca se elaborará completamente. Más aún, al autoanalizarse descubre cómo la muerte constituye una nebulosa en su psiquis. Entonces es necesario trabajar con el individuo en su posición de sujeto terminal, entendiendo la ecuación patológica sociedad-hombre-vida, donde la muerte queda fuera del mundo cotidiano, real, y el sujeto le teme a la muerte igual como le teme a la vida. Es necesario vivir y morir un poco cada día, recuperar en lo que quede de vida el deseo de encontrar las posibilidades en ellos mismos, todo lo que buscan los pacientes en el mundo externo lo encontrarán en su Yo vívido desde el amor, en un alter que muere para la sociedad y no para si mismo.

El paciente necesita vivir su proceso de muerte, no explicárselo. La palabra carece de sentido dando paso a la experiencia subjetiva, entonces, se asume con dignidad la tarea última y más importante: morir.
Probablemente hay dos cosas que un paciente terminal no necesita recuperar: su narcisismo y sus mecanismos de defensa. Ya no va a andar por la vida agradando a otros y menos retando a la propia muerte diciéndole que no le va a ganar. El cuerpo del paciente se prepara para el momento final al igual que el psiquismo; es casi un escenario de ensayo y error.

Encontrarse con pacientes irreverentes, coléricos e intransigentes y esto tiene sentido, la muerte les está poniendo límites que el yo y sus defensas no pueden tolerar, por eso hay que entender sus descargas y hablar hasta el cansancio de la muerte con el paciente y sus familiares.

La Tanatologia en la psicoterapia probablemente ayude al sujeto terminal, a desprenderse de la explicación del por qué nos toca la muerte, para dar lugar al para qué nos toca la muerte.
Es quizás en ese momento cuando acepta su vida verdadera, sin máscaras., sin defensas ni resistencias: ya no hay dualidades por lo tanto desaparece el conflicto, vida y muerte son lo mismo al igual que amor y odio.

Es necesario, humano y profesional, saber qué es para el analista la muerte, cómo siente, piensa y actúa frente a ella desde lo real, desde esa falta de la que habló Lacan, sin recurrir a la palabra o al lenguaje, invocando al Yo que también sufre, que se afecta, que es sensible, compasivo y amoroso frente a un otro que le antecede en este viaje desconocido.
Hablar de la muerte con los pacientes no terminales también, sobretodo con ellos; se debe mostrarles que sus deseos no pueden quedarse en interpretaciones oníricas, que pueden vivir su alquimia en la vida, en el amor; esta es la única vida que conocemos en lo consciente, por eso hemos de buscar en el análisis de lo inconsciente aquello más deseado para poder cumplirlo en el aquí y el ahora.

A los pacientes: no esperen estar en la posición de muerte, para comenzar a vivir.

jueves, 23 de abril de 2009

El culto a la imagen


Nuestra cultura marca, cada vez más, la importancia de la imagen.
Muchas personas están en una constante lucha por ser consideradas exitosas, inteligentes, justas, eficientes, atractivas.
Buscan tener una apariencia positiva, y de esta manera, agradar y ser queridas. Que nunca los demás se decepcionen de ellas, llega a ser un fin en sí mismo.

No se ve, en lo que va transcurrido de este siglo, ningún signo de que el asunto varíe. Al revés, se prevé una actitud aún más rígida.
En la práctica de la psicoterapia se aprecia claramente esta dependencia del juicio de los otros para valorizarse a sí mismo. Tan frecuente es esta problemática que las depresiones severas, la ansiedad social, el temor a hablar en público, la timidez, la anorexia, la bulimia y la obesidad, muchas veces, son consecuencia de esta forma de enfrentar la vida.

Las investigaciones señalan que este culto a la imagen proviene de factores de interacción familiar que se han ido imponiendo en la sociedad moderna. Constantemente muchos padres les están mostrando a sus niños que lo más importante es que los demás tengan una buena opinión de ellos. Por lo tanto, lo único que vale es mostrar una faceta positiva de uno mismo.

Así todos los conflictos se esconden, no se permite la expresión de emociones ni de opiniones.
Se pierde totalmente la espontaneidad. Se valorizan en grado extremo las formalidades.
Aparece la imagen de padres e hijos perfectos.
Pero es sólo una fachada. El niño aprenderá a valorizarse, no de acuerdo a sus propios referentes personales, sino según el juicio de uno de los padres, el que decida elegir.
De adulto, continuará dependiente de personas significativas para él. Como puede deducirse, su estilo de vida va a consistir en evitar el exponerse.

Situaciones de vida tan posibles como una separación, el fracaso de una carrera, la cesantía, gatillarán serios problemas emocionales. Depresión, rabia o ansiedad. La terapia consiste en definir su propio valor. Esto se logra, primeramente, haciendo que el paciente tome conciencia de las situaciones en que se define a través de los demás. Posteriormente, conseguir que cambie el punto de vista, que aprenda a tomar el juicio de los otros como información que tiene que ver con la persona que lo emite. Es decir, tiene que ver con el otro y no con uno.

jueves, 16 de abril de 2009

Depresión Posparto


Muchas mujeres después del parto sufren cambios en el humor aparecen períodos de irritabilidad, fatiga, accesos de llanto sin razón, pérdida del apetito, dificultades para conciliar el sueño y aumento de la susceptibilidad.

Si estos síntomas aparecen entre los tres y cinco días posteriores al parto, no te preocupes: estás atravesando una leve depresión pos parto que con mucho apoyo de tu pareja y compañía puede llegar a feliz término, incluso el reintegrarte a tus actividades laborales genera esa distracción necesaria para que todo regrese a la normalidad, este es considerado entre los ginecólogos un mal común de las madres primerizas ya que el temor de esta nueva etapa es un síndrome normal por temores e inseguridades en el manejo de su responsabilidad como madre, esta etapa puede durar horas y días sin embargo al detectar esta posibilidad lo ideal es visitar al médico.

Los cambios hormonales del embarazo son cuantiosos y pueden generar cierto desorden en tu organismo. Los expertos atribuyen las causas de estos estados de ánimo al aumento excesivo de los niveles de estrógenos y progesterona con posterioridad al parto, lo cual puede afectar las emociones, y las hormonas que proporcionan la sensación de optimismo, como la serotonina. Si a esto le sumamos el sueño interrumpido (el bebé no duerme corrido y hace intervalos en el sueño de la nueva madre cada una, dos y hasta tres horas para alimentarse), el desgaste fisiológico que representa amamantar y el cambio en el ritmo de vida, resulta fácil determinar porque este trastorno es tan común.

El síndrome posparto es algo natural Lo más importante es tomar conciencia de ello. Saber que existe, que no es algo que le pasa a una mujer en particular. Es algo común a todas.
Es importante hablarlo con la pareja, con alguna otra mamá que haya parido recientemente o con amigas que la escuchen. Es decir tener un buen entorno comprensivo y también contar con un buen apoyo profesional, además de tratar de empezar o continuar con una actividad.

El ocultar su estado de depresión, el encerrarse, el no compartirlo muchas veces por la ignorancia o la vergüenza del que dirán o que pensarán, disfraza la situación y hace que el síndrome se vaya asentando en el inconsciente. Y cuando pasa el tiempo y uno se cree que todo volvió a la normalidad, cuando una menos lo espera aparece con todas las fuerzas.

Es entonces cuando vemos mujeres con manifestaciones fóbicas que no tienen un origen de nacimiento, sino que aparecen de la nada, después de una operación, de un problema económico, de pareja, etc. Que una no entiende por qué se originaron y que pueden desencadenar varias patologías. El síndrome posparto es el origen, pero el desenlace puede añadirse a otras patologías psicológicas.

Sin duda alguna, es importante la difusión de este tema y se debe exigir al profesional médico que trate a la mujer en el embarazo que las oriente al respecto. A pesar de la ciencia y sus avances, hay muchos médicos que se niegan a hablar de dicho tema, dejándoselo exclusivamente a los profesionales de la psiquiatría o la psicología, y desconociendo que no sólo los obstetras tienen que atender al bebé sino también cubrir el aspecto interno y psíquico de la madre.

Hoy en día está de moda hacer cursos preparto, pero en ninguno se ha pensado en hablar sobre esto. No nos olvidemos que en los cursos preparto hay muchas madres que ya fueron primerizas y su experiencia es la más valiosa para encarar el difícil trance de la depresión posparto.