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lunes, 1 de noviembre de 2010

La aceptación y el perdón

El odio es el sentimiento de desear el mal a una persona. Los grandes problemas que causan nuestras crisis generalmente van acompañados de este sentimiento. Desafortunadamente en esta etapa de la crisis es cuando más daño causamos y esto genera naturalmente una respuesta negativa por parte de las personas a quienes atacamos.
El mal que podríamos hacer no se refiere sólo a daño físico, también existe el daño psicológico que es más sutil pero igualmente dañino.

Para romper con este círculo vicioso de odio es necesario hacer el duelo que nos lleva a la aceptación. Se llama trabajo de duelo porque las etapas por las que se atraviesa son similares a las de la perdida de un ser querido con el mismo resultado, la aceptación de que nuestro ser querido ha muerto.

Las etapas son las siguientes:
La negación: Es el choque, el abatimiento, el pánico total, el rechazo a aceptar, de admitir la realidad. Hacer todo lo posible por regresar las cosas a su estado anterior, como si nada hubiera pasado. Los psicólogos dicen que la negación es un sistema de defensa para reducir la ansiedad cuando nos sentimos amenazados.

El odio: Cuando ha dejado de negar la realidad, pasa a la etapa de la cólera. La persona se reprocha a si misma o a los demás la perdida que acabamos de sufrir. Es por eso que debemos ser prudentes con los problemas que enfrentamos. La rabia que sentimos puede llevarnos a hacer un daño más grande del que ya está hecho, de tal forma que empeoramos la situación en lugar de salir adelante.

La negociación. Una vez calmado, se intenta a toda costa evitar la perdida. Negocia, se rebaja, se humilla con tal de no afrontar la realidad. A veces este regateo es positivo. En su mayoría es inútil, pero es una etapa a superar.

La depresión: Cuando al fin ve que la negociación no deja nada, que lucha sólo por evitar ver la dura realidad y decide dejar de esconderse, cae en la tristeza, para luego pasar a una profunda depresión.

La aceptación: La persona se pone en paz con la realidad. Mira con respeto esta etapa, no debe considerarse como alegre; al contrario los sentimientos se han extinto. Como si el dolor hubiera desaparecido, como si la lucha hubiera terminado. Es finalmente libre. Libre de quedarse, de irse, de seguir adelante, de tomar las dediciones que se imponen. Acepta la perdida, pequeña o grande. Se adapta a las circunstancias que le toco vivir.

Este proceso se llama proceso de duelo o de cura, si no pasa por estas etapas no será posible aprender de la experiencia vivida.

Podría quedarse atrapado en una de las primeras etapas lo que generaría una amargura espiritual que nos limita como personas para tomar lo bueno de la vida.

Entender no es lo mismo que aceptar. Las etapas son ciclos y no líneas. Quizás haya que recorrer varias veces estas etapas antes de llegar al final.

Lo importante es, encontrar un punto de equilibrio personal. La búsqueda puede centrase en la reducción de la angustia que causan los traumas del pasado. Un estado de tranquilidad puede permitirnos una vida menos caótica.

jueves, 28 de octubre de 2010

El infarto sus efectos psicologicos

Las características psicosociales de los individuos que han sobrevivido a una crisis de angina de pecho o a un episodio de infarto. En general, esquematizando un poco, las reacciones de estos pacientes y su forma de afrontar la experiencia sufrida y sus consecuencias pueden ser de cuatro tipos:


• Aceptación realista de lo sucedido y disponibilidad racional a valerse de todos los recursos para recuperar la salud.

• Tendencia a perpetuar el papel de enfermo en un estado permanente de depresión y de ansiedad, con frecuentes conversiones de la ansiedad en una sintomatología física.

• Negación de lo sucedido y restablecimiento de una vida normal como si nada hubiese sucedido.

• Instrumentalización de la enfermedad de corazón para dominar y controlar al entorno, aprovechándose de su disponibilidad.

Resulta fácil comprender que los comportamientos de los distintos tipos de pacientes puedan variar en función de su estado social, de su cultura y de la identidad psíquica anterior a la enfermedad isquémica, con importantes consecuencias sobre el seguimiento de las prescripciones médicas y por consiguiente con muy diversas perspectivas de pronóstico.

Hay que recordar las consecuencias de dos actitudes típicas que se registran inmediatamente después de un infarto: miedo o negación de lo sucedido. El miedo intenso puede provocar una grave alteración del ritmo cardíaco, que puede terminar con la muerte del paciente. La negación o la minimización del ataque pueden inducir un peligroso retraso a la hora de pedir ayuda médica, a veces en perjuicio grave de la propia supervivencia del paciente.

Las respuestas psicológicas al infarto en el proceso de recuperación

Negación de la gravedad; Se asocia a una vuelta precoz al trabajo, exponerse rápidamente a la vida sexual, negando la realidad, de un paciente convaleciente.

Depresión; con el miedo obsesivo a una recaída, el paciente vive temeroso que le volverá a pasar, y a una mayor dificultad para la reinserción laboral.

Ansiedad; Provoca, meses o años después del episodio agudo, un aumento de los problemas familiares, sociales y laborales.

Miedo a las recaídas; Constituye la principal causa de un restablecimiento tardío e insatisfactorio de la actividad sexual. Con frecuencia se asocia a una clara disminución de la libido.

Hay que tener en cuenta; La preocupación por su aspecto físico y puede asumir connotaciones marcadamente hipocondríacas, favoreciendo actitudes regresivas y de renuncia en el paciente y comportamientos hiperprotectores con sus afectos.

En estos pacientes la causa de la depresión es el miedo a una recaída, a tener que reducir la actividad laboral y la sexual y a convertirse en discapacitados.

Muchos pacientes viven la experiencia del infarto como una pérdida importante. No sólo pérdida de salud, sino pérdida de ilusiones, de esperanzas; es como si la vida se hubiese acabado. Pero lo cierto es que las pérdidas como es el caso de la enfermedad forman parte del propio hecho de vivir. Y el cómo se vivan estas pérdidas va a depender de los recursos psicológicos que cada persona tenga. Lo que para una persona puede ser un reto, un desafío, para otra persona puede ser un precipicio, un obstáculo insalvable.

Pero no es lo mismo aceptar que resignarse. No es lo mismo aceptar que uno ha sufrido un infarto de miocardio y que ese hecho va a conllevar una serie de cambios en su vida, que resignarse a él. Es importante aprender a aceptar aquello que no depende de uno mismo, aquello que no se puede controlar, que no podemos evitar.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La Tanatologia


La muerte ha estado presente en nuestras vidas desde hace millones de años. Es un tema límite y tabú que nos sorprende y aparece intempestivamente. Nos enfrentamos a ella con negación y resistencia; desde lo contra transferencial surgen mis propios miedos, y una especie de defensión maníaca al pensar en ella.

Hablar de Tanatologia es necesariamente referirse a la muerte y remontarnos a su etimología griega: Tánatos, era la personificación de la muerte no violenta, su venir era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, referirme al origen o historia del término, hacer una aproximación de la Tanatologia a la clínica de hoy, desde la pulsión de vida.

En lo contra-transferencial, percibía que en mi familia había dos temas innombrables: uno era el aborto y el otro la muerte. Esto no se permitía, ni siquiera por acto fallido; hay una sensación de que también la psicología hace sus acting out frente al tema, tal vez porque independiente del momento histórico en que vivamos la muerte siempre será el fin de nuestro ser y nuestra identidad desde el imaginario social.

En la sociedad de hoy, se ha avanzado significativamente en lo relacionado con los pacientes terminales. Por un lado el aporte de la ciencia médica y por otro la terapia del dolor. Sin embargo, pareciera que ambas no dan abasto en los cuidados paliativos del enfermo en su fase final. La Tanatologia como rama de la medicina se preocupa de los procesos relacionados con la muerte, por medio de un equipo interdisciplinario, asiste al paciente y a su familia antes, durante y después de la muerte del paciente, en esta última etapa, apoya a los familiares en la elaboración del duelo.

La Tanatologia ha hecho que resurja el interés y respeto por la muerte, su praxis se centra en la calidad de vida del enfermo, desde que se declara la enfermedad incurable hasta el último minuto de vida, trabajando con el paciente y sus conflictos, su transición a la muerte, sus sufrimientos y sus deseos. Esta disciplina está orientada a establecer entre el paciente terminal, su familia y el personal medico un vínculo de confianza y esperanza con la finalidad de que el enfermo tenga una muerte adecuada y digna. Una de las tareas nobles de la Tanatologia es la de darle un significado a la muerte desde la subjetividad del paciente, desde el ideal del ego de éste, mostrándole que la muerte puede ser un agente de cambio en lo que quede de vida.

Según la Tanatologia los pacientes que padecen una enfermedad terminal, pasan por cinco estadios antes de morir:
1) Rechazo y aislamiento
2) Cólera
3) Negación
4) Depresión
5) Aceptación.

Es aquí donde más sentido cobra la labor del psicoanalista y su praxis, ofreciendo al paciente un acompañamiento compasivo, comprendiendo que este sujeto necesita desprenderse de sus culpas, sus conflictos y de su sociedad que no lo preparó para vivir desde lo espiritual sino desde lo corpóreo.

El analista puede mostrar a su paciente que es capaz de resignificar su sufrimiento y rearmar su biografía a partir de ese quiebre físico, emocional y psíquico que implica saberse como sujeto terminal, que no quiere renunciar al cuerpo ni la búsqueda frenética de lo que ya tiene y que siente la falta de lo que no podrá realizar. Ojala pudiéramos comprender al enfermo terminal, reconociendo a ese otro que existe escindido entre la dualidad de morir y vivir, sucumbir y trascender, sufrir y sublimar, poseer y desapegarse. Cómo no sentirse afectado en la práctica clínica frente a un paciente moribundo.

Freud se movilizó frente al tema cuando en el siglo XIX habla de muerte, como algo que no puede ser representado en lo inconsciente, algo que probablemente nunca se elaborará completamente. Más aún, al autoanalizarse descubre cómo la muerte constituye una nebulosa en su psiquis. Entonces es necesario trabajar con el individuo en su posición de sujeto terminal, entendiendo la ecuación patológica sociedad-hombre-vida, donde la muerte queda fuera del mundo cotidiano, real, y el sujeto le teme a la muerte igual como le teme a la vida. Es necesario vivir y morir un poco cada día, recuperar en lo que quede de vida el deseo de encontrar las posibilidades en ellos mismos, todo lo que buscan los pacientes en el mundo externo lo encontrarán en su Yo vívido desde el amor, en un alter que muere para la sociedad y no para si mismo.

El paciente necesita vivir su proceso de muerte, no explicárselo. La palabra carece de sentido dando paso a la experiencia subjetiva, entonces, se asume con dignidad la tarea última y más importante: morir.
Probablemente hay dos cosas que un paciente terminal no necesita recuperar: su narcisismo y sus mecanismos de defensa. Ya no va a andar por la vida agradando a otros y menos retando a la propia muerte diciéndole que no le va a ganar. El cuerpo del paciente se prepara para el momento final al igual que el psiquismo; es casi un escenario de ensayo y error.

Encontrarse con pacientes irreverentes, coléricos e intransigentes y esto tiene sentido, la muerte les está poniendo límites que el yo y sus defensas no pueden tolerar, por eso hay que entender sus descargas y hablar hasta el cansancio de la muerte con el paciente y sus familiares.

La Tanatologia en la psicoterapia probablemente ayude al sujeto terminal, a desprenderse de la explicación del por qué nos toca la muerte, para dar lugar al para qué nos toca la muerte.
Es quizás en ese momento cuando acepta su vida verdadera, sin máscaras., sin defensas ni resistencias: ya no hay dualidades por lo tanto desaparece el conflicto, vida y muerte son lo mismo al igual que amor y odio.

Es necesario, humano y profesional, saber qué es para el analista la muerte, cómo siente, piensa y actúa frente a ella desde lo real, desde esa falta de la que habló Lacan, sin recurrir a la palabra o al lenguaje, invocando al Yo que también sufre, que se afecta, que es sensible, compasivo y amoroso frente a un otro que le antecede en este viaje desconocido.
Hablar de la muerte con los pacientes no terminales también, sobretodo con ellos; se debe mostrarles que sus deseos no pueden quedarse en interpretaciones oníricas, que pueden vivir su alquimia en la vida, en el amor; esta es la única vida que conocemos en lo consciente, por eso hemos de buscar en el análisis de lo inconsciente aquello más deseado para poder cumplirlo en el aquí y el ahora.

A los pacientes: no esperen estar en la posición de muerte, para comenzar a vivir.

jueves, 29 de octubre de 2009

Enfermedades de la piel


La relación entre la mente y la piel es muy estrecha, tanto que los pacientes con enfermedades dermatológicas tienen un 20% más de alteraciones psiquiátricas que el resto de la población. Sufren depresiones, ansiedad, inseguridades, aislamiento social. La mayoría tiene episodios depresivos y valora su calidad de vida de forma negativa, según varios estudios.

El acné, la psoriasis, la dermatitis atópica, la alopecia, el vitíligo o los angiomas son algunas de las patologías dérmicas que más afectan psicológicamente a la población, precisamente porque, se presentan en las zonas visibles del cuerpo la cara y las manos.
En el caso de la psoriasis, los pacientes muestran miedo ante la posibilidad de padecerla. Esto se debe, a que se trata de una afección crónica.
A menudo, los pacientes con psoriasis pasan por varias fases: rebeldía, negación y aceptación. Es importante que sepamos entender sus reacciones y sus estados de ánimo para facilitarles un mecanismo de adaptación y mejorar así los resultados de su tratamiento.

La afectación psicológica depende de la edad en que surge la enfermedad y de la propia personalidad del paciente. Si aparecen en la pubertad, pueden causar personalidades solitarias e introspectivas; o agresivas y antisociales. Si aparecen en la edad adulta, podría asociarse con ansiedad, inseguridad, depresión o insomnio.

Las alteraciones que se presentan en la cara son las que más problemas psicológicos tienen debido a su exposición. Varios estudios señalan, que las patologías dérmicas afectan a la calidad de vida de los pacientes, concretamente en actividades de la vida cotidiana como los quehaceres del hogar, el cuidado personal, la interacción social, las actividades de recreo, movilidad, sueño, descanso y trabajo.

La sintomatología depresiva que subyace en estas personas deriva en reacciones emocionales alteradas, falta de energía, aislamiento social y alteraciones en las relaciones sexuales. Concretamente, los pacientes con psoriasis y rosácea tienden a presentar ansiedad.

Cuando la enfermedad de la piel no es la causa.
Pero la mente, además de recibir mensajes de la piel, también los envía. En ocasiones, las alteraciones dermatológicas no son la causa sino la consecuencia de enfermedades mentales.
Lo que puede parecer una dermatitis resulta finalmente la consecuencia del rascado intenso y continuo que el individuo, inconscientemente, realiza sobre una zona del cuerpo debido a una situación de nervios. Es lo que se conoce como patomimia,( son lesiones autoprovocadas) un tipo de dermatitis en la que el trastorno mental es el único origen de la alteración cutánea. Detrás puede haber alucinaciones creen tener bichos, esquizofrenias.

Otra de las patologías que derivan de un trastorno psiquiátrico y se manifiestan en la piel es la tricotilomanía, una alopecia traumática en la que el propio individuo tira de sus cabellos con el fin de arrancarlos. Habitualmente, el paciente acude, en primer lugar, al dermatólogo y éste puede encontrarse en un dilema diagnóstico cuando el enfermo no es consciente de su papel en la pérdida del cabello.
En muchos de los pacientes psiquiátricos, la necesidad de atención psíquica se presenta a través de la piel, un órgano que somatiza con mucha facilidad.

Es decir, el resultado de la terapia de, al menos, un tercio de los pacientes que acude al dermatólogo depende en gran medida del tratamiento de los factores emocionales. Cuando el dermatólogo observa sintomatología depresiva o cualquier otro sintoma de afectación emocional, resulta conveniente que remita al paciente a un especialista en Psicología o Psiquiatría.