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jueves, 28 de octubre de 2010

El infarto sus efectos psicologicos

Las características psicosociales de los individuos que han sobrevivido a una crisis de angina de pecho o a un episodio de infarto. En general, esquematizando un poco, las reacciones de estos pacientes y su forma de afrontar la experiencia sufrida y sus consecuencias pueden ser de cuatro tipos:


• Aceptación realista de lo sucedido y disponibilidad racional a valerse de todos los recursos para recuperar la salud.

• Tendencia a perpetuar el papel de enfermo en un estado permanente de depresión y de ansiedad, con frecuentes conversiones de la ansiedad en una sintomatología física.

• Negación de lo sucedido y restablecimiento de una vida normal como si nada hubiese sucedido.

• Instrumentalización de la enfermedad de corazón para dominar y controlar al entorno, aprovechándose de su disponibilidad.

Resulta fácil comprender que los comportamientos de los distintos tipos de pacientes puedan variar en función de su estado social, de su cultura y de la identidad psíquica anterior a la enfermedad isquémica, con importantes consecuencias sobre el seguimiento de las prescripciones médicas y por consiguiente con muy diversas perspectivas de pronóstico.

Hay que recordar las consecuencias de dos actitudes típicas que se registran inmediatamente después de un infarto: miedo o negación de lo sucedido. El miedo intenso puede provocar una grave alteración del ritmo cardíaco, que puede terminar con la muerte del paciente. La negación o la minimización del ataque pueden inducir un peligroso retraso a la hora de pedir ayuda médica, a veces en perjuicio grave de la propia supervivencia del paciente.

Las respuestas psicológicas al infarto en el proceso de recuperación

Negación de la gravedad; Se asocia a una vuelta precoz al trabajo, exponerse rápidamente a la vida sexual, negando la realidad, de un paciente convaleciente.

Depresión; con el miedo obsesivo a una recaída, el paciente vive temeroso que le volverá a pasar, y a una mayor dificultad para la reinserción laboral.

Ansiedad; Provoca, meses o años después del episodio agudo, un aumento de los problemas familiares, sociales y laborales.

Miedo a las recaídas; Constituye la principal causa de un restablecimiento tardío e insatisfactorio de la actividad sexual. Con frecuencia se asocia a una clara disminución de la libido.

Hay que tener en cuenta; La preocupación por su aspecto físico y puede asumir connotaciones marcadamente hipocondríacas, favoreciendo actitudes regresivas y de renuncia en el paciente y comportamientos hiperprotectores con sus afectos.

En estos pacientes la causa de la depresión es el miedo a una recaída, a tener que reducir la actividad laboral y la sexual y a convertirse en discapacitados.

Muchos pacientes viven la experiencia del infarto como una pérdida importante. No sólo pérdida de salud, sino pérdida de ilusiones, de esperanzas; es como si la vida se hubiese acabado. Pero lo cierto es que las pérdidas como es el caso de la enfermedad forman parte del propio hecho de vivir. Y el cómo se vivan estas pérdidas va a depender de los recursos psicológicos que cada persona tenga. Lo que para una persona puede ser un reto, un desafío, para otra persona puede ser un precipicio, un obstáculo insalvable.

Pero no es lo mismo aceptar que resignarse. No es lo mismo aceptar que uno ha sufrido un infarto de miocardio y que ese hecho va a conllevar una serie de cambios en su vida, que resignarse a él. Es importante aprender a aceptar aquello que no depende de uno mismo, aquello que no se puede controlar, que no podemos evitar.

martes, 27 de julio de 2010

Tolerar la frustración


Es una habilidad que se desarrolla.

La frustración es parte de la vida.

No podemos evitarla, pero si podemos aprender a manejarla y a superarla.

Generalmente es en la infancia cuando aprendemos a tolerar la frustración.

Cuando un niño es muy pequeño, cree que el mundo gira alrededor de él.

Piensa que se merece todo lo que quiere, en el momento en que lo quiere.

No sabe esperar, porque no tiene el concepto de tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás.

Por eso, cualquier límite o cualquier cosa que le niegan, lo siente como algo injusto y terrible.

No tiene las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar su malestar.

Si los padres o las demás personas le dan siempre lo que pide y en el momento en que lo hace, no aprende a "aguantar" la molestia que le provoca la espera o la negación de sus deseos.

Al llegar a la edad adulta, sigue sintiéndose mal ante cualquier límite o ante la necesidad de posponer una satisfacción.

Recuerda que el mundo no gira alrededor de nuestros gustos o deseos y que no pasa nada terrible cuando no obtenemos lo que queremos.

Siempre hay algo que podemos hacer al respecto, en lugar de enojarnos o quejarnos.

Pensar en todas las cosas que sean perdido o dejado de obtener por la poca tolerancia a la frustración.

No olvidemos que hay épocas buenas y épocas difíciles o dolorosas y que sí tenemos la capacidad de tolerar o soportar algo, sin alterarnos demasiado.

El malestar y el sufrimiento son desagradables, pero no nos destruyen. Si aprendemos de ellos, nos fortalecemos y desarrollamos.

Obtenemos nuevas herramientas para lograr nuestro bienestar.

La tolerancia se fortalece, como cualquier músculo, trabajándola y practicando.

"Enquistarse en la soledad y la frustración, quejarse constantemente y continuamente de las desdichas y tragedias que nos acosan y no hacer absolutamente nada para modificar aquellas situaciones que nos angustian es un camino certero y seguro hacia la depresión.Camino, por supuesto, que es recorrido a solas…" Eric Fromm (psicoanalista y pensador alemán).

martes, 5 de enero de 2010

Perdida, Tristeza, Duelo.


El duelo es una respuesta normal y saludable ante una pérdida. Una de las pérdidas más grandes que puede ocurrir es la muerte de alguien que se ama. Otras pérdidas incluyen la pérdida de la salud propia o de alguien que usted quiere, o el fin de una relación importante tal como el matrimonio. Recuperarse de una pérdida involucra aceptar la pérdida y el significado de la pérdida en su vida.

En las primeras horas o días después de la pérdida se puede sentir un choque, no sentir nada y estar confundido. Puede que no recuerde lo que las personas le han dicho. Se puede pensar y actuar como si la pérdida no hubiera ocurrido. Esto se llama negación.A medida que su choque desaparece irá viendo la realidad poco a poco. comenzará a darse cuenta de que la pérdida en realidad si ocurrió. Es normal sentirse abandonado y con rabia. Puede dirigir su rabia hacia Dios, la religión, los médicos y las enfermeras, la persona que ha muerto u otros seres queridos o incluso hacia si mismo.

¿Qué sucede después de que la rabia desaparece?
Después de que se atraviesa la rabia y negación es normal pretender que las cosas son como solían ser. Si alguien que uno amaba muere es probable que piense y piense en los recuerdos que tiene en su mente. Es probable que también sienta la presencia de su ser querido, piense que lo ve a él o a ella o piense que escucha su voz.Es probable que usted también le hable a su ser querido como si aún estuviera en el mismo cuarto con usted. A medida que usted comienza a darse cuenta de que su ser querido ya no está y que no va a regresar comenzará a sentir el impacto total de la pérdida. Estos sentimientos le pueden dar miedo pues son muy extraños y fuertes. Pueden hacerle sentir como que está perdiendo control.

Cuando comienza a darse cuenta del impacto total de la pérdida en su vida, puede sentirse deprimido y sin esperanzas. También puede sentirse culpable. Puede comenzar a pensar cosas tales como Si tan solo… o ¿Por qué a mi?
Puede llorar sin causa alguna. Esta es la parte más dolorosa de la recuperación pero no dura para siempre. En un duelo normal, la depresión comienza a mejorar con el tiempo.

La primera se­ñal de recuperación es, comenzar a sentirse mejor con cosas pequeñas. Por ejemplo, puede comenzar a darse cuenta de que le es más fácil levantarse en las mañanas, o puede sentir de pronto un poco más de energía. Este es el momento cuando comienza a reorganizar su vida teniendo en cuenta la perdida de su ser amado.

Probablemente comenzará a sentirse mejor en seis a ocho semanas. El proceso completo usualmente puede durar entre seis meses y cuatro años.Si en cualquier momento siente que está teniendo dificultad pida ayuda. Las personas que pueden ayudarle incluyen amigos, familia, un sacerdote, un psicólogo o un terapista, grupos de apoyo y su médico de familia.Hablar con su médico de familia si tiene mucha dificultad para comer, dormir o concentrarse y esto persiste después de las primeras semanas. Estas pueden ser señas de depresión. Su médico de familia le puede ayudar con su depresión de modo tal que usted comience a sentirse mejor.