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viernes, 17 de septiembre de 2010

Violencia Psicológica


El proceso de manipulación se divide en cuatro fases:
La seducción o la influencia.
El apilamiento, corresponde a la repetición de pequeños actos de agresión, al parecer banales, tomados separadamente pero que se destinan a la desestabilización de la víctima.
Las falsas promesas.
La destrucción que se acentúa a medida que crece la relación, para llegar a alcanzar una crisis dada la reacción de la víctima.

Estas cuatro fases pueden resumirse en el tiempo; las etapas el apilamiento y las falsas promesas, van juntas: las falsas promesas que hacen creer o pensar a la victima en un cambio de parte del verdugo, pero permiten reajustar la influencia que ejerce el verdugo para mejorar la destrucción de su víctima.

Es la frecuencia y la repetición en el tiempo de las agresiones que hacen el proceso perverso destructivo.
Su planteamiento los vinculó muy de cerca con los dirigentes de sectas, son dictadores en potencia, quiénes imponen su tiranía a un círculo limitado de persona.

Las consecuencias para las víctimas es que están en estado de tensión permanente debido a la tensión causada por el esfuerzo y estrés: los efectos serán de carácter psíquico: cansancio intelectual, incapacidad para reflexionar, nerviosismo, irritabilidad, desordenes del sueño, pérdida de confianza; pero también de carácter físico: dolores de cabeza, enfermedades de la piel, desordenes digestivos, pequeños problemas que pueden llegar hasta más graves enfermedades.

Cuando la victima comienza a darse cuenta, pasan a la toma de conciencia, se sienten defraudadas, equivocadas, abusadas, no respetadas, pierden incluso el aprecio por ellas y su dignidad; se sienten culpables, avergonzadas, y con mucho miedo.

Como consecuencias de este tipo de maltrato y de cualquier otro se ve disminuida la autoestima de la persona y afecta el desarrollo emocional. Estos maltratos, en la mayoría de los casos, conducen a la adicción a las drogas y al alcohol, incluyendo la delincuencia. En el caso de que el maltrato se dé desde la infancia, existen casos en los cuales el niño logra salir adelante y desarrollarse adecuadamente.

La intención de la violencia psicológica es la de humillar, hacer sentir mal e insegura a una persona, deteriorando su propio valor.

Es un problema complejo, porque es uno de los fenómenos de mayor firmeza psicosocial que se origina y repercute en la convivencia entre hombres y mujeres, entre niños y adultos, entre ancianos y jóvenes: es decir, entre los fuertes y los débiles, teniendo en cuenta que la fuerza física no es la única medida de ser fuerte o débil, pues hay formas indirectas de agredir y maltratar. Además, es un tema complejo porque, aunque se produce en el ámbito doméstico, no es sólo una cuestión privada, sino que es un tema y una preocupación pública, en la medida en que atañe al orden social, en el sentido más amplio de la palabra.

Es indispensable darse una oportunidad individual, tregua personal y animarse a denunciar la situación.

Si aún con esos recursos, no fuere suficiente para repeler la agresión, lo ideal es tener un buen asesoramiento legal que acompañe este camino adecuadamente.
La terapia es de gran ayuda para las personas o victimas de esta problemática.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Síndrome de Couvade


“Estamos embarazados” es la frase que cada vez más parejas eligen para dar la gran noticia.
Algunos futuros padres presentan cierta sintomatología durante la gestación de su Esposa, pareja, novia: náuseas, vómitos, antojos, dolor de cabeza o espalda, depresión, cambios repentinos en el estado de ánimo, aumento de peso e insomnio, entre otros.

Varias teorías intentan explicar este síndrome, tanto desde la psicología como desde la medicina, porque cada vez más hombres transitan el embarazo de su pareja en carne propia.
Se han realizado estudios en los hombres embarazados que demuestran la existencia de una variación en los niveles hormonales, por ejemplo, de gonadotropina coriónica, la hormona del embarazo y progesterona. Los científicos tienden a explicar la existencia de un embarazo por imitación.

Hoy en día, los roles se han transformado. La mujer, que sale a trabajar, dejó ese espacio de intimidad y de resguardo dentro de su hogar. Esto hizo que los hombres empezaran a tener un rol más participativo en la crianza primero, y después en el embarazo y en el parto de sus hijos. Buscan estar más cerca de sus mujeres. Muchas veces lo hacen a través de la identificación.
Existen dos enfoques diferentes en torno al Síndrome. Uno ubica las causas en los cambios hormonales y el otro desde el punto de vista psicosocial.
Este fenómeno pertenece a la esfera psicofísica, con un componente emocional que viene determinado por la imagen que tiene ese papá acerca de su rol como progenitor, como cuidador de ese embarazo, como compañero de su pareja.

Síndrome de Couvade al involucramiento del hombre en el embarazo, a una mimetización con su pareja, o bien, a la angustia propia de los cambios y responsabilidades que llegan con los hijos. Estas investigaciones señalan que el padre está en incertidumbre con situaciones como el cambio en la relación con la pareja, el nacimiento y el temor a no ser un buen padre.

Este síndrome es casi exclusivo de los papás primerizos, lo que no es casual, ya que, por tratarse de una experiencia totalmente nueva, hay mucha expectativa. Cuando ya hay otro hijo en la casa, en general el hombre vuelca toda su atención en éste, mientras la mamá se encarga del segundo.

Los síntomas del papá embarazado aparecen después de los primeros meses de gestación, cuando la panza delata que efectivamente un bebé está en camino y, con él, los roles que la pareja tendrá que desempeñar.

Las variaciones individuales que se presentan son habituales y pueden colaborar en la aparición del síndrome: no se comporta de la misma manera un hombre que junto con su pareja ha perdido varios embarazos que aquél que se presenta ante el reto de un primer hijo, o el que enfrenta un embarazo no deseado o no planificado del que sí, o el que siente que no va a poder cumplir con las obligaciones, que la paternidad conlleva.


Es decir que la paternidad, al ser una entidad que se construye tanto individual como socialmente, puede operar como disparador de distintas cuestiones que adoptan la forma de síntomas.

Es fundamental que la mujer escuche a su hombre, porque más allá de que ella sea la protagonista, a él también le suceden muchas cosas. Necesita sentirse incorporado para la paternidad, y hay que darle ese espacio: a veces las mujeres queremos que el hombre se haga cargo del bebé como a nosotras nos parece, y si, por ejemplo, le cambia los pañales, estamos atrás supervisándolo.

Hay que darle un lugar al papá para que pueda conectarse con ese bebé.

Ser padres es una responsabilidad tan grande, que muchas veces se reacciona como se puede, y no como se quiere. Poder reconocer lo que le pasa a cada uno es lo que hace la diferencia en la pareja, y lo que les permitirá vivir ese momento con la felicidad que merece.