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jueves, 25 de marzo de 2010

Citas: Guerra, encanto, nacionalismo


La necesidad de ser correcto: La muestra de una mente vulgar.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita.

Si el mundo fuese claro, el arte no existiría.

Un intelectual es una persona cuya mente se mira a si misma.

El encanto es la manera de conseguir la respuesta “Si” sin haber realizado una pregunta clara.

La capacidad de atención del hombre es limitada, debiendo ser constantemente espoleada por la provocación.

Amo demasiado a mi país para ser nacionalista.

No esperes por el juicio final. Se lleva a cabo cada día.

Nadie se da cuenta de que hay alguna gente que gasta excesiva energía simplemente para parecer normal.

Es un tipo de esnobismo espiritual lo que hace a la gente pensar que pueden ser felices sin dinero.

No puedes adquirir experiencia haciendo experimentos. No puedes crear la experiencia. Debes experimentarla.

¿Que es un rebelde? Un hombre que dice no.

Raramente confiaremos en alguien que es mejor que nosotros.

No camines detrás de mí, puedo no guiarte. No andes delante de mí, puedo no seguirte. Simplemente camina a mi lado y sé mi amigo.

La estupidez insiste siempre.

La amistad puede convertirse en amor. El amor en amistad nunca.

Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura al fascismo.

El artista debe estar siempre con aquellos que padecen la historia, no con los que la hacen.

Algunas veces pienso en lo que los historiadores del futuro dirán de nosotros. Una sola frase será suficiente para definir al hombre moderno: Fornicaba y leía periódicos.

¡Quien necesita piedad, sino aquellos que no tienen compasión por nadie!

Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, al fútbol se lo debo.

El hombre es la única criatura que rechaza ser lo que es.

La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor.

Nada es más despreciable que el respeto basado en el miedo.

La integridad no tiene necesidad de reglas.

Albert Camus

martes, 8 de diciembre de 2009

Fatiga Mental


La fatiga mental se desarrolla cuando nuestra ocupación diaria, sea un empleo, las actividades de la casa, o el estudio, requiere de nosotros un esfuerzo superior al que podemos dar. Se da principalmente en ocupaciones sedentarias que necesitan que se les preste mucha atención, gran esfuerzo intelectual, o intensa implicación emocional. Una dieta y rutina poco cuidada también la estimula.

La fatiga mental suele presentar síntomas parecidos a los de la depresión: falta de interés, incapacidad de mantener la atención, trastornos de sueño, mareos, dolores de cabeza, molestias estomacales y de garganta; mientras que el cansancio es agotamiento más que nada físico, y sólo requiere relajación.

En cualquier caso, la solución parece sencilla: necesitamos descansar. Pero es más fácil decirlo que lograrlo. No es cuestión de acostarse y dormir únicamente: necesitamos cambiar ciertos hábitos cotidianos para desterrarla del todo. Empezaremos mejorando y balanceando nuestra dieta, incluyendo colaciones entre comidas para recargar la energía y descartando el café.
Si tenemos tiempo, es importante incluir en nuestra rutina algún tipo de ejercicio físico que despeje nuestra mente: natación o caminatas son los más recomendados. Y en tercer lugar, estableceremos horarios de descanso: es necesario dormir lo que el cuerpo necesita, así que entre semana acostarnos temprano es importante.

También tenemos que variar el enfoque que damos a nuestra actividad, ya sea en nuestro lugar de trabajo, o según nuestro método de estudio, o nuestro orden de tareas. Establezcamos objetivos parciales: no pensemos todo el tiempo en grande, veamos cada árbol del bosque, y así vamos a poder apreciar cada cosa que logramos terminar.
Establezcamos estas pequeñas metas de forma conciente y responsable: si no las cumplimos en los tiempos que pensábamos, podemos terminar perjudicándonos otra vez. También, consideremos la inclusión de pausas programadas; pero de verdadera desconexión de la tarea que venimos haciendo: lo ideal es poder movernos del lugar donde estamos, y si podemos escapar al aire libre, mejor. Un último punto a observar es el ambiente de trabajo, necesitamos un lugar que propicie la concentración y no que requiera un esfuerzo de más para lograrla: es importante que la iluminación sea adecuada, que no haya humo viciando el aire, ni ruidos molestos.

Entonces, si notamos que necesitamos chequear varias veces nuestras acciones, nuestro ritmo de trabajo está más lento y aplazamos las tareas más difíciles porque nos sentimos cansadas, hacer estos pequeños cambios pueden darnos muy buenos resultados. Aunque, por supuesto, si continuamos fatigados, una consulta al médico nos aclarará el panorama.