jueves, 11 de marzo de 2010

La amistad


Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.
Jorge Luís Borges.

La amistad es una forma de enriquecimiento personal. Aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, pero además aprendemos de las experiencias del amigo o de la amiga, de sus conocimientos y vivencias.

La amistad es una de las relaciones que los seres humanos estimamos más. Con cuanto orgullo se escucha decir a una persona: “Yo tengo millones de amistades.” Sin dudas, las alegrías y las tristezas de nuestras amigas y amigos las compartimos muchas veces como algo propio. No dejan de preocuparnos; no dejan de entusiasmarnos. A este vínculo tan especial se han referido, en todas las épocas, poetas músicos y filósofos. Sobre tal asunto, una de las teorías más viejas y conocidas es la del célebre Aristóteles.

Decía el genial pensador de la antigüedad que existen tres tipos de amistades: de utilidad, de placer y de virtud. Las primeras se refiere que están basadas en nuestra propia necesidad e interés. Son relaciones útiles de las cuales se obtiene algún beneficio. Y, por tanto, funcionan mientras el vínculo que las sostiene se mantenga intacto.

Si recordamos la vieja canción de Julio Iglesias, “La vida sigue igual”, veremos que estima en unas de sus estrofas cuando sostiene que, ante el fracaso, solo quedan a nuestro lado los buenos amigos. Y afirma: “Los demás, se van.”

El segundo tipo, la amistad por placer, según el filosofo, está basada en la cantidad de alegría que se recibe de ella, es decir, los amigos y amigas que únicamente se reúnen para pasarla bien, compartir fiestas y actividades recreativas.

Por último, el tercer tipo, es aquella que Aristóteles le daba verdadera connotación: Personas que comparten en las buenas y en las malas, que se quieren y están unidas por un vínculo fuerte de lealtad, honestidad y desinterés. Esta amistad de virtud, al decir del eminente pensador, es realmente difícil de hallar en la vida y por ello también sentenciaba: ¡Oh, amigos míos, no hay ningún amigo!

Al margen de tan manifiesto pesimismo, el filósofo planteaba que la amistad de virtud ennoblece a la gente: las personas aprenden a ser buenas. Decía: “Cuando los amigos comparten tiempo juntos, no tardarán en comprender que ven con los mismos ojos, sienten con un mismo corazón y piensan con una misma mente.”

No obstante la vertiginosa revolución tecnológica que ha cambiado al planeta, de Aristóteles para acá, el humano siguen necesitando de “ese otro corazón” para hacer de su existencia un lugar más grato en este mundo. Sigue siendo esencialmente cierto el proverbio chino antiquísimo que sentencia: “Si al morir, cuentas con cinco buenos y verdaderos amigos, significa que tuviste una vida hermosa.”

3 comentarios:

gallega dijo...

EL PROBERVIO CHINO,ME IMPACTO,ES ASI!!

tomson dijo...

Hola Gallega!!! si tal cual, los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano.
Un beso!!

lidiaazul dijo...

Tal cual tomson. Uno tiende a llamar "amigo" a cualquiera con quien comparte algunas cosas, pero es una falacia. Aunque hay varios tipos de amigos, sòlo lo son verdaderamente aquèllos que a travès de los años nos intercambiamos muestras de afecto, silencios y porque no alguna que otra discusiòn, pero la sinceridad es el pilar fundamental, al menos, asi lo siento yo.