sábado, 23 de julio de 2011

Cuando el alma duele

Hay estudios que confirman que el ser humano no puede vivir sin una cuota de displacer o malestar. Existe un mecanismo tal en nuestra psiquis que regula la cuota de malestar que todo ser humano puede tolerar. A partir de una cierta cantidad, el organismo sufre siempre y cuando no pueda separarse de la fuente que le origina dicho malestar. De esta manera, se retorna a un estado que podemos definir como placentero y que evita el sufrimiento. Cuando se sobrepasa cierta dosis de malestar se rompen ciertas barreras de defensa y nuestra mente experimenta lo que llamamos dolor.

De los dolores más difíciles de abordar, son los llamados dolores del alma. Cuando nos duele el cuerpo, tenemos una referencia concreta del origen de nuestro dolor pero cuando el dolor es psíquico, la persona siente tristeza, suspira, tiene un hondo pesar, está susceptible ante hechos de la vida cotidiana, todo se le hace más pesado y lo que antes era alegría ahora parece que una sombra ha cubierto su vida.
El dolor del alma es algo difícil de cuantificar.

Sólo la persona que lo siente, sabe lo que le duele su vida. Este dolor aparece ante ciertos hechos, actos, acontecimientos, pensamientos o vivencias, de manera que la persona se siente desamparada, sola, insegura y con miedo. Todas estas circunstancias marcan el poder del dolor.

Hay causas tangibles de dolor como son la pérdida de personas queridas pero con ayuda, algo de esfuerzo y voluntad, se puede sobrellevar siempre y cuando la vida de esa persona esté sostenida por varios pilares. Cuando nuestra necesidad de amor solo la colma una persona, nos arriesgamos a que si la perdemos, nos sintamos tristes, desamparados y perdidos.

¿El dolor de vivir y sufrir para después morir?  Responde a una fórmula cotidiana que tiene que ver con que somos mortales y como se dice popularmente, aquí estamos todos de paso. De manera, que la vida se puede vivir de manera triste o con cierta alegría. Desde el momento que nacemos, estamos condenados a un final. Darnos cuenta que el mundo existía antes de que naciéramos y que va a seguir existiendo después de muertos, para algunas personas es intolerable semejante pensamiento. Esto les hace vivir amargados, sin alegría y lo que debería ser una vida vivida, se convierte en un duro camino que muchos desean su final lo antes posible.

Necesitamos trabajar los dolores del alma, para que sirvan solo de aprendizaje, extrayendo de ellos la capacidad de fortalecernos; aprendiendo que lo mejor de nosotros, aún está en nosotros mismos.

Teniendo en cuenta que si seguimos por el camino del dolor y la lamentación, nos iremos directamente  a una depresión.
Los dolores del alma no se van en un día y no cambian de un momento a otro; y solo quien los siente puede dar testimonio el estrago que causan.

Vamos a empezar por mirar las pequeñas cosas, y tengamos más cuidado con las grandes, que a veces están justo delante de nuestras narices y no las vemos.
Hay tener un poco mas de imaginación, soñar despiertos, ya que el sueño es el combustible de la realización.
Tengamos amigos y seamos el mejor amigo de todos.
Creer en Dios, ya que  sin Él no hay razón en nada.
Tengamos en cuenta que después de la fuerte tormenta, viene la calma y la paz interior.

2 comentarios:

gallega dijo...

LA VIDA ES MARAVILLOSA, PERO CREO QUE HAY MUY POCOS SERES EVOLUCIONADOS QUE TIENEN PAZ EN EL ALMA

tomson dijo...

Hola galeguita linda!! Si pero se aprende a vivir con los problemas que todos tenemos, y se logra vivir en armonia.
Besos!!!