martes, 12 de julio de 2011

Depresión Endógena

Existen dos tipos de enfermedad depresiva.

La primera se denomina depresión reactiva, que surge como una reacción extrema ante una emoción exterior muy fuerte, como la muerte de un ser querido, el final de una relación amorosa o incluso una pérdida financiera.


La segunda, es llamada depresión endógena o melancolía. Aparece sin causa aparente ni factores desencadenantes como un divorcio, y se considera que está relacionada con una alteración de los neurotransmisores o desbalance químico del cerebro.


La depresión endógena representa una forma particular de trastorno depresivo, con alteraciones de pensamiento, emocionales y motoras específicas. Es considerada como un subtipo de depresión mayor, y se suele tratar como una depresión grave.

Recibe también los nombres de "melancolía" o "depresión autónoma" entre otros.
La Mujer melancólica es incapaz de adecuar sus reacciones emocionales a las situaciones ambientales durante la enfermedad, es decir, tiene suprimida su capacidad de reacción emocional, no le importa nada de lo que pasa alrededor de ella.

La tristeza endógena no es modificable voluntariamente, a pesar de los esfuerzos de la Mujer. Se experimentan sentimientos de inhibición e incapacidad para enfrentar el futuro, desconexión del medio, incapacidad para realizar cualquier esfuerzo, falta de esperanza, y sensación de extrañeza frente al propio estado.


El mayor peligro de la depresión es el deseo de quitarse la vida.
Es la principal causa de suicidio.

Si bien en la depresión endógena suelen tenerse en cuenta los antecedentes familiares, se ha comprobado de modo estadístico que una de cada cuatro mujeres, sufre un decaimiento grave en algún momento de su vida que necesita asistencia médica.

Algunas etapas de la vida, como pueden ser el final de la adolescencia, la menopausia femenina, la entrada en la madurez, la jubilación y en los años inmediatos a ésta, existe una mayor propensión a deprimirse.

La mujer que padece una enfermedad de tipo depresivo, además de sentir una melancolía insuperable, presenta otras manifestaciones, tanto físicas como psíquicas, tales como la pérdida de energía y del apetito, tanto sexual como alimentario, insomnio y, en algunos casos, indigestiones, estreñimiento y dolores de cabeza.

El primer síntoma de una depresión endógena, y el más característico, es una apatía general nada le importa ni le interesa. Esta se percibe tanto en el trabajo como en la vida familiar y el ocio, e incluso se puede extender al cuidado personal e higiene.

Quienes padecen depresión corren el riesgo de sufrir trastornos psicológicos graves, cuyos síntomas pueden ser una disminución de la capacidad de concentración, percepción negativa del medio exterior, sentimientos de culpabilidad y autodesprecio, delirios persecutorios, o alucinaciones y pensamientos de muerte o suicidio.

En ocasiones el síntoma más evidente de la depresión es la ansiedad aguda, que genera inquietud y agitación; la intensidad de estos síntomas varía a menudo, según la hora del día.


Por lo general, La Mujer que sufre una depresión endógena se despierta temprano, con aspecto triste o abatido, que suele disminuir o desaparecer a medida que avanza el día.


La clase y la gravedad de los síntomas determinan el tratamiento médico, que se basa en una combinación de psicoterapia y de medicamentos, como antidepresivos y estimulantes.


Estos últimos se utilizan en casos leves, mientras que los antidepresivos, que son los más prescritos por los médicos, se aplican en el tratamiento de las depresiones más graves.


El estrés, La melancolía, depresión, dificulta la paz interior, afecta nuestra salud, la felicidad y la vida. Para evitarlo, renunciemos a querer lograr objetivos de manera acelerada y forzosa. Aprender a utilizar el tiempo en forma adecuada. Evitar tensionarse por querer hacer varias cosas a la vez. No empujemos el río, dejémoslo correr a su ritmo. No amargarse imaginando futuros llenos de dificultades. Mirar nuestros problemas con objetividad y hasta con buen humor y sacar provecho de nuestros errores.