viernes, 14 de octubre de 2011

Cuando el cuerpo habla


¿Qué es la angustia?
En primer lugar la angustia es un afecto, algo que se siente y se sufre con cierto nivel de certeza. Es algo cotidiano, no excepcional, son los distintos grados de angustia los que la delatan o no. Decimos que estamos angustiados cuando ha pasado cierta medida y empiezan a borrarse los límites que necesariamente la deben enmarcar para que sea operativa.

¿Es necesario un cierto nivel de angustia?
Porque la otra cara de la angustia es el deseo:
Cuando el nivel de angustia hipotéticamente es cero, el sujeto no desea nada; este efecto, por ejemplo produce la sobremedicación con ansiolíticos o sedantes.
La angustia dosificada participa en la vitalidad de los actos, la creación, las señales de alarma, resulta un motor para la vida.
La angustia masiva es un obstáculo que puede derivar en sensaciones de impotencia, pánico, acting, o pasajes al acto.
Entonces, la cuestión no es hacerla desaparecer, sino dosificarla, encuadrarla, limitarla.

¿Cómo se manifiesta?
Cuando está dentro de ciertos límites, la angustia se siente como cierto grado de tensión o malestar que promueve que el sujeto actúe en consecuencia.
El problema se presenta cuando empieza aumentar este afecto o irrumpe en forma más o menos violenta. El cuerpo es su registro: disnea, palpitaciones, sudoración, estrechez en el pecho, mareos, náuseas, diarrea, temblores, dificultad para articular palabras o para quedarse callado, verborragia, mutismo, etc.
Ciertos ritmos del cuerpo enloquecen, salen de la medida y afectan los aspectos motores, sensitivos e ideacionales: quedarse paralizado o salir corriendo; gritar o quedarse sin voz; no poder pensar o asociar ideas a un ritmo maníaco.
La angustia
se siente en el cuerpo y complica su normal funcionamiento silencioso, con ritmos más o menos constantes, desapercibido. Gracias a este olvido del cuerpo es que podemos concentrarnos en las distintas escenas del mundo: trabajamos, estudiamos, amamos, descansamos, etc. Siempre que se nos hace demasiado presente el cuerpo como organismo, es para molestar, perturbar, doler.
En el límite podemos decir: se está en el cuerpo o se está en el mundo. Entendiendo por mundo la realidad compartida en relación a nuestros semejantes, presente normalmente aún en los momentos de soledad.

¿La señal de angustia y el dolor protegen?
Tanto el dolor como la angustia tienen una función de defensa para la estructura. Ambos se ubican en la frontera del sufrimiento, en el límite de la palabra, es decir del sistema simbólico que encuadra la realidad, y producen quiebres o caídas a nivel de las creencias que sostienen las imágenes en las que se apoya un sujeto.
Registrar la señal de angustia como la del dolor, dan la posibilidad de acercarse a una verdad velada en el normal funcionamiento de la estructura, del sujeto o del organismo.
Sin embargo estas irrupciones son muchas veces inutilizadas al confundir el mensajero con la enfermedad o con lo realmente patológico.
La urgencia por eliminar la angustia o el dolor y restablecer un supuesto saludable equilibrio anterior, no permite identificar su fuente, interpretar la aparición en el cuadro más amplio del contexto de lo que le pasa al sujeto o al organismo que padece.

Tampoco se trata de implementar la pasividad del sadismo: el dolor intenso o sostenido y los estados de angustia afectan el sostén yoico, pueden llegar a acompañarse de fenómenos de despersonalización.

¿Tiene tratamiento el trastorno de angustia?
El trastorno de angustia tiene dos tipos de tratamiento:
medicación y psicoterapia. Existen varios medicamentos que se emplean para la depresión y que han demostrado su eficacia en el trastorno de angustia. Además el tratamiento psicoterapéutico es la psicoterapia cognitivo-conductual cuyas claves son:
Aprender: su finalidad es que el paciente conozca la enfermedad y sea capaz reconocer los síntomas y su tratamiento.
Monitorización: mediante un diario el paciente registra las crisis de angustia y las situaciones que provocan ansiedad.
Respiración: aprender técnicas de relajación mediante el control de la respiración para los momentos de las crisis de angustia.
Replanteamiento de los pensamientos: el paciente aprende a cambiar su visión catastrófica de los síntomas físicos.
Exposición: el paciente se expone progresivamente a las situaciones que le producen miedo.