jueves, 22 de abril de 2010

La Envidia


"La envidia es la enfermedad de los mediocres": Napoleón Bonaparte
Sin embargo, nadie esta libre de sentirla en algún momento de sus vidas.
Más persistente que el odio, más intensa que los celos y antigua como el hombre. Así es la envidia, una pasión universal que nadie reconoce sentir.

Cuando no nos salen las cosas tal como queremos y vemos que los demás consiguen sin esfuerzo lo que a nosotros nos cuesta tanto o peor, ni siquiera hemos conseguido, podemos sentirnos tentados de caer en esa trampa sin sentido. La envidia es un sentimiento normal, pero si nos dejamos llevar por ella, nos convertiremos en seres amargados incapaces de ver ni de apreciar nuestros propios logros.

La envidia es un fenómeno universal, pero no es considerada por los psicólogos una de las emociones fundamentales, ni existe una expresión facial que la caracterice de forma exacta.
La envidia es un tabú social que se lleva en silencio porque, en el fondo, implica una declaración de inferioridad que no conviene revelar en público.

Envidiamos cuando comprobamos que otro alcanza algo que deseamos intensamente o cuando otra persona logra lo que nos es imposible realizar. El resultado, en cualquier caso, es que la autoestima se resiente.

Los psicólogos señalan que para compensar esta pérdida, que nos resulta insoportable, desarrollamos una serie de mecanismos muy particulares. Uno de ellos es infravalorar la ventaja del otro, nos autoconvencemos de que lo que ha conseguido, no es para tanto. Otras tácticas pasan por buscar desventajas en otros campos que compensen su superioridad, desvirtuar a la otra persona en su conjunto o criticar el sistema que permite que se dé semejante situación.

No envidiar lo que no conocemos, porque no sabemos lo que esa persona ha luchado por ocupar el lugar donde está o que ha tenido que sacrificar para conseguir lo deseado, quizás sin saberlo vivas una vida más plena de lo que esa persona a quien envidias tiene.

Suele suceder que las personas se sienten poco comparadas con el resto, pero vivir la vida en comparación con los demás es una tarea extenuante. Lo primero que debemos hacer es agradecer lo que ya tenemos, mirar con sumo cuidado y detalle al alrededor y tener cuenta de que has sido bendecido con un sin fin de cosas.

Aprender a ser agradecido de lo que se tiene.
En una autoestima fuerte no hay lugar para la envidia, no le prestes atención a quien no quiere que demuestres tu potencial y tampoco te engañes admirando lo que los demás poseen, recuerda que no todo lo que brilla es oro.

Don Quijote: "Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no tal, sino disgusto, rencores y rabias".

3 comentarios:

gallega dijo...

MI MADRE DECIA: LA ENVIDIA ENVENENA LA SANGRE,GRAN VERDAD,A JESUS QUE LO LLEVO A LA CRUZ ,LA ENVIDIA DE AQUEL QUE CREIA QUE LA GENTE PODIA SUBLEBARSE!!!

tomson dijo...

Hola Gallega es verdad que envenena la sangre y de alli todo el resto. Besos buen fin de semana!!

Anónimo dijo...

SALUDOS TOMSON, SÓLO PASO POR ACÁ..
MLP