lunes, 19 de diciembre de 2011

Síndrome de Alienación Parental


¿Qué es el Síndrome de Alienación Parental?
El Síndrome de Alienación Parental es la manipulación, verbal o no verbal, y el compartir creencias y acciones del progenitor a cargo de la custodia sobre el propio hijo para ponerlo en contra del otro progenitor. Muchas veces, el progenitor alienador no se da cuenta del daño que está causando, aunque en ocasiones sabe que quiere hacerlo.

¿Existen tipos de alienación?
Podríamos clasificar la alienación en 3 tipos o fases por las que pasan los hijos, dependiendo del grado de alienación a la que están sometidos.

Ligero: La alienación es prácticamente superficial y el comportamiento del menor durante las visitas es normal. El progenitor que tiene la custodia intenta mantener cierta ventaja sobre el otro hablando al hijo como “yo soy mejor padre que él/ella, ¿verdad?”.

Moderado: En el tipo moderado, el alienador interfiere en el régimen de visitas del otro progenitor con su hijo. En muchas ocasiones se intenta ocupar el tiempo establecido como régimen de visitas del progenitor no custodio con actividades sociales que no puedan cancelarse y que comprometan al hijo. Se vuelven oposicionistas e incluso empiezan a comportarse y a hablar del mismo modo que el progenitor custodio.

Grave: Dirigido exclusivamente a dañar la relación entre el menor y el padre no custodio. Las visitas son imposibles. Aparece una manipulación extrema consistente en programar de manera consciente al menor en contra del otro progenitor. Todos los síntomas están presentes en su mayor intensidad. Se hacen referencias al abandono, a tener otra pareja, a hacer insinuaciones de adicción al alcohol o similar, se prohíbe hablar de ello con nadie ni verse, etc.

Signos de alerta:
Durante el proceso de separación o divorcio, hay muchos factores que pueden llevar a un niño a ser víctima del Síndrome de Alienación Parental. El reconocimiento temprano de estos factores es muy importante para intervenir y proteger al menor y la relación mantenida entre padres e hijos, es decir, entender los factores de riesgo y reconocer los síntomas ayudará a prevenir las consecuencias.

Estos son algunos de los síntomas comunes:
Los hijos no son devueltos a tiempo, retrasando al máximo el momento del “intercambio”
Aparece sugestión física o sexual o de maltrato psicológico contra el otro progenitor
El alienador no suele controlar su furia y espera a discutir, especialmente delante de la presencia del hijo/s.
Aparecen comentarios amenazantes, cada vez más frecuentes, sobre el poder agresivo del otro progenitor y de la posibilidad de rapto, sobre la culpabilidad de sus dificultades económicas, etc.
Es el propio menor el que se adjudica las decisiones sobre su comportamiento respecto al progenitor no custodio, afirmando que la decisión de rechazarlo es completamente suya y defiende no estar influenciado por nadie.
El menor empieza a mostrar indiferencia ante los sentimientos del padre/madre alienado. Empieza a huir o a rechazar al otro progenitor y a comportarse del mismo modo que su progenitor alienador. Se acepta todo aquello que diga el padre que tiene la custodia de manera incondicional. Uno de los dos padres es el bueno y el otro el malo, sin término medio.
Verbaliza aspectos legales sobre la separación o el divorcio, impropios de su edad, las conversaciones empiezan a ser con monosílabos o más pobres que lo que solían ser.

Muchos especialistas han advertido sobre las consecuencias determinantes que tiene el excluir a un hijo del contacto de uno de los progenitores, matrimonio roto por separación o divorcio, ahora con intereses de custodia o simplemente por separar al hijo de uno de los padres. Están indefensos y son maleables e inocentes. Son incapaces de comprender un cambio de imagen sobre su propio padre o madre, pero es tal la presión que se ejerce sobre ellos que acaban por convencerse de las intencionadas palabras.

El padre o madre del niño, no quieren darse cuenta que tratan a su hijo como un rehén, como trofeo, etc. Sin pensar el daño que están ocasionando a ese niño, daño psicológico que es muy difícil de revertir, que traerá consecuencias cuando sea un adulto.