miércoles, 23 de diciembre de 2009

El sentimiento de inferioridad


El sentimiento de inferioridad surge cuando una persona tiene la creencia interior de que no es lo que debiera.
Esta creencia se va forjando desde muy temprana edad y puede tener su origen en la percepción de una desvalorización continua de su propia persona o también por el hecho de haber estado permanentemente sometido en la niñez a exigencias desmedidas que resultaban inalcanzables de cumplir o concretar.

Cuando el hombre nace, en realidad nace indefenso y dependiente y necesita de los cuidados de un adulto para sobrevivir; la escala de esos cuidados va desde la imprescindible alimentación e higiene, hasta otros que son mucho más sutiles y que tienen que ver con la imagen que le devuelve en espejo el otro de sí mismo, porque es el adulto quien va inscribiendo en la psiquis del bebé los mensajes que lo van a determinar luego como ser social.

Esta disposición a sentirse débil e indefenso que tiene el ser humano cuando nace, debería evolucionar hacia la meta de ser un adulto independiente que ejerza con total plenitud su libre albedrío; pero a veces esto no sucede y se perpetúa este sentimiento tal vez porque a la persona no la han hecho sentir lo suficientemente valiosa, o porque no le hicieron saber que sus opiniones y acciones eran importantes.

Muchas veces el patrón de pensamiento de los individuos que se sienten inferiores es muy limitado y esto es lo que los condiciona a vivir dentro de fronteras muy estrechas, sin un margen de movimiento, de flexibilidad y de permiso para el error.

Son mentalidades muy rígidas que no pueden ser originales en sus elecciones de vida, todo lo descartan pues piensan que no van a poder llevarlas a cabo.
El sentimiento de inferioridad no es un dato menor porque ese desánimo, ese límite auto impuesto puede ser un indicio posible de depresión.

La sensación de minusvalía y dependencia se traduce en constantes auto reproches, sentimientos de culpa y autocrítica severa.
Estas personas tienen una imagen de sí mismas absolutamente negativa en comparación al parámetro de valoración con que miden a los demás, a los que ven generalmente sin defectos y superiores.

Dicha visión los retrae y les genera una mirada muy pesimista de la vida y en especial de los logros futuros. Fracasan antes de intentarlo porque cercenan sus ganas, negativizan el pensamiento y esto cubre todas sus decisiones con un velo gris, comienzan a sentirse desinteresados por todo porque es muy poco lo que creen que pueden hacer.

Nadie puede ser perfecto en todo y se pueden utilizar estrategias para compensar las debilidades maximizando esas virtudes que cada uno tenga. Así como uno busca frente al espejo la ropa que le sienta mejor, es posible mediante el trabajo terapéutico emplear métodos y técnicas para superar las dificultades que acarrea el sentimiento de inferioridad.

Lo fundamental es tener clara conciencia que el mayor aliado de este sentimiento es la duda. El que se siente menos duda constantemente de sus aptitudes y de su vocación natural para resolver las cuestiones de la vida cotidiana.


Es necesario aprender a valorar mucho más el sentido común y comenzar a creer que se es potencialmente capaz de tomar decisiones y de llevarlas a cabo; de lo contrario, la persona se transforma en la creadora de su propia limitación y la principal víctima de esta especie de parálisis compasiva es uno mismo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

tomson que tengas una muy feliz nochebuena y una muy feliz navidad ese es mi deseo besos carlos

gallega dijo...

FELIZ NAVIDAD TOMSON AMIGA QUERIDA!!!

tomson dijo...

Carlos muchas gracias!!! Mis mejores deseos para vos, paz,armonia, tolerancia, nos leemos!!!!
Gallega amiga gracias, que la pases muy bien tranqui, nos leemos!!!

Anónimo dijo...

Encontré lo mismo que escribiste en esta página:

http://www.claramente.com.ar/94/sentimiento_de_inferioridad.htm

pero del año 2005...qué bárbaro no??? te leyó el pensamiento en el pasado ji ji ji.