jueves, 24 de septiembre de 2009

El mundo de los complejos.


Suelen venir desde la infancia, se acentúan en la adolescencia y, si no se superan, se manifiestan abiertamente en la edad adulta.
En el mundo de la psicología, un tema bastante complejo es, precisamente, el que aborda los complejos, término que popularizó el reconocido psicoanalista S. Freud. Su origen reside en múltiples factores: defectos físicos, choques emocionales o deseos no satisfechos. El resultado puede ser un individuo atormentado, amargado, que se siente incómodo y rechaza los cambios naturales de la vida, que se siente inseguro e inferior frente a los demás.

Existen dos tipos de sentimientos de inferioridad: los innatos y los adquiridos. Con los innatos nacemos y conforman nuestra personalidad. Los adquiridos se crean con el tiempo y son fomentados por el entorno social y cultural, por el qué dirán
Según los expertos, hay casos en que el acomplejado suele disfrazar su problema adoptando actitudes defensivas que se traducen en gestos altivos, despectivos y altaneros, insolencia, falta de respeto e intolerante con los demás. A veces recurre a la provocación con actitudes llamativas o ropas extravagantes.

La Familia juega un papel muy importante:
El complejo se traduce en pensamientos irracionales, ya que quien lo padece está convencido de transmitir una imagen negativa de sí mismo, lo que le ocasiona inseguridad y baja autoestima. Al tener una percepción distorsionada de su propia persona, el complejo supone un importante condicionamiento en la actitud y en la relación con los demás.
Los especialistas afirman que la familia es el primer factor determinante de los complejos. Se estima que, hasta los 8 años de edad, los padres forjan en todo los criterios con el ejemplo. La sobreprotección o la falta de apoyo, así como los reproches sobre determinados comportamientos o conductas del niño causan en éste, una baja autoestima. Si en su propio entorno familiar el niño no se siente querido, valorado o respetado, su personalidad se tornará frágil e insegura.

El colegio es otro ámbito generador de complejos:
Es proverbial la crueldad de los niños para burlarse de los defectos ajenos y bautizar a la víctima con el más denigrante de los apodos posibles. Que convertir en complejo una característica física como la estatura baja o muy alta, ser obeso, tener las piernas torcidas o los dientes defectuosos, contar con una gran nariz o poseer grandes orejas, son rasgos que mediante la burla pueden derivar en severos problemas de autoestima.

Un tercer factor desencadenante de complejos:
Es la sociedad, es el entorno cotidiano, las modas que suele marcar un patrón de belleza o de vida que no siempre se ajustan a la realidad, de tal manera que, quien queda al margen de tales cánones puede ser presa fácil del complejo.
Un sector de la población especialmente sensible a estas circunstancias son los adolescentes. Para ellos pueden cobrar una dimensión insospechada factores aparentemente tan inofensivos como la aparición de granos, el cambio de la voz, ganar peso o tener un busto pequeño. La inadaptación ante los constantes cambios físicos puede conllevar un sentimiento de inseguridad continuo en algunos adolescentes, etapa de la vida en la que la apariencia física pasa a ocupar un lugar primordial.

Como superar estos complejos:
Los expertos recomiendan, lo más importante para superar un complejo es aprender a quererse uno mismo, aceptándose y valorándose, con virtudes y defectos. Ello requiere buscar los aspectos positivos de la propia personalidad y repasar las virtudes y cualidades que cada uno tenga.
La persona acomplejada jamás debe centrarse, en algún defecto físico, psíquico o intelectual, porque además de los defectos una persona es otras muchas cosas.

Una idea que ayuda al respecto es anotar en una libreta un listado con las virtudes y habilidades que se posean y repetírselas a sí mismo constantemente. Dichas virtudes y habilidades forman parte de la personalidad, por lo que es importante no obviarlas.
También se recomienda no intentar buscar la aprobación de los demás, sino actuar siempre de acuerdo con los propios valores y la forma que cada uno tenga de ver las cosas. Por ello es conveniente dar importancia antes a la propia opinión que a la de los demás, sin que ello implique necesariamente que haya que imponerla.

Tampoco es saludable en este caso lamentarse constantemente ante los demás de los propios defectos o limitaciones que se posean, pues ello refuerza la visión negativa que otras personas se hayan formado de uno. Nunca hay que despreciarse ante terceros, si bien tampoco conviene recalcar lo contrario.
Solo tener confianza en sí mismo y en los propios valores. No se debe basar la conducta, el comportamiento, la vida en general, en la apariencia externa. Por eso es tan importante reforzar la autoestima con pensamientos positivos, pues de esta manera se gana confianza y seguridad en sí mismo, que son los factores que se pierden con los complejos.
Hay que valorarse por lo que uno es, y no por lo que los demás digan de uno, pero ésta no debe ser una actitud conformista o pasiva, sino debe verse como un punto de partida para la superación personal.

3 comentarios:

lidiaazul dijo...

Tengo varios,querida tomson,orritable,irracional,negaciòn...hmmm.

gallega dijo...

QUIEN NO LOS TIENE LIDIA QUERIDA!!!

tomson dijo...

Hola Lidia todos de una manera u otra tenemos complejos,lo que ocurre hay quienes los ocultan o disimulan muy bien. besos buen finde!!
Gallega querida gracias por pasar a saludar!!!!