jueves, 8 de julio de 2010

El Valor de las cosas


Un cuento Zen

“Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

”El maestro, sin mirarlo, le dijo:

Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…- y haciendo una pausa agregó: Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar

.E…encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

Bien- asintió el maestro.

Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió.

Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.

Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

Qué importante lo que dijiste, joven amigo contestó sonriente el maestro. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

¡¿58 monedas?!-exclamó el joven.

Sí replicó el joyero Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

Siéntate dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Darte cuenta de tu valor. Eres único y especial, nadie puede pensar ni actuar como Vos.

No te compares con los demás. Eres único e irrepetible.

5 comentarios:

Winter dijo...

No sé, no me convence. Si yo no soy más que nadie por qué debería creer que nadie tiene derecho a pensar lo que puedo valer y hacérmelo saber a través de sus actos.
Este es uno de mis problemas con la filosofía oriental. Por un lado te invitan a la sumisión y la humildad y por el otro de dicen que sos un ser único.
No sé, en cada acto de la vida se me asigna un valor.
Ay, Tomson...

Un cariño

Anónimo dijo...

Muy buena la ilustración!!

Me quedo con ésta expresión:
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Nada mas cierto..
Cariños Tomson
MLP

gallega dijo...

MAGISTRAL!!!

Betty dijo...

somos seres únicos e irrepetibles, algo que no tenemos muy en cuenta, y siempre vamos por la vida buscando aprobación y sintiendo que no podemos, que no somos capaces, que el otro es mejor, que tiene mas suerte...y así hasta el infinito, y en el camino, cuantas cosas nos perdemos?
hermoso cuento y hermoso mensaje
buen finde amiga!!

tomson dijo...

@Winter gracias por tu visita. Conozco mucha gente que tiene una vision resultadista y práctica de la vida tal como vos expresas. Valer por lo que se hace. Valer por los resultados que se obtienen y por el reconocimiento que los demás demuestran de ese valor que alcanzamos. Habemos otras personas que no necesitamos que a todo momento nos estén reconociendo nuestros aciertos. Nuestra seguridad interior nos basta para saber de nuestros valores sin importar el exitismo (alcanzar el éxito). Y la sumisión se basa en comprender que existe la otra clase de persona que valora el éxito y su reconocimiento como entiendo que vos pensás. De eso se trata “El valor de las cosas” desde el punto de vista Zen.
Gracias Winter, cariños :)

@MLP gracias por estar, Se te extrañaba. Besos!!!

@Gallega mucha suerte para el domingo, Gracias por acompañarme siempre!!!

@ Betty; todo lo que dejamos, lo que sufrimos, por no darnos cuenta, que por otro lado no es facil, darse cuenta.
Un fuerte abrazote suerte el sabado y que sea un hermoso finde!!!! Gracias Amiga!!!!