lunes, 2 de marzo de 2009

Mi Infancia


Mi infancia transcurrió en dos etapas; de los primeros años hasta los 9, allí comenzó otra vida. Mi familia estaba formada por mi papa, mama, hermana y un varón que es el más chico y es como un hijo para mí. Nuestros padres de condición humilde, mi padre pertenecía a una de las fuerzas, no era policía, mi mama era enfermera de esas de barrio colocaba inyecciones, curaciones a los operados que estaban en sus domicilios, etc.
Crecimos felices, teníamos una infancia normal para aquella época, nada de televisión, jugábamos con nuestros hermanos y vecinos todos mas o menos de la misma edad, eran juegos que no requerían dinero o de una inversión, solo con un elástico o una soga para poder saltar. En mi Entre Ríos natal en verano uno de los juegos; era ver quien veía y podía cazar las luciérnagas, esos bichos de luz que tienen la luz propiamente dicha en sus ojos y son mucho mas grande, que los comunes, estos bichos tienen la particularidad del movimiento que tienen en sus cabezas que produce un ruido, cuando uno los pone con las patas para arriba, con ese movimiento se dan vuelta, nosotros lo llamamos los tucu tucu, cuando nos cansábamos de jugar los dejábamos ir, era un juego ecológico.
Mi generación creció sin envidias, sin rencores a pesar de la austeridad con que crecimos, en el lugar que vivíamos había gente que vivía mejor que nosotros, pero de eso me doy cuenta hoy cuando era chica no notaba esa diferencia, con mis hermanos siempre nos conformamos con lo que nos daban o con los regalos que recibíamos para navidad o para reyes, era una felicidad no nos fijábamos en lo que recibía el otro, solo disfrutábamos de nuestros regalos.
Recuerdo escuchar todos los Sábados nos sentábamos a escuchar por la radio media hora de cuentos infantiles era una radio Uruguaya, y no volaba una mosca todos callados y atentos, y también los cuentos que nos Leia nuestra madre lo hacia tan real, era muy expresiva, que mas de una vez terminábamos llorando en especial mi hermana, que siempre fue sensible, lo es hoy, un ser humano increíble.
Hasta los 10 años fue todo felicidad, crecimiento, aprendizaje, siempre mi madre era la que estaba con nosotros y quien nos enseñaba, era muy dulce, mi padre siempre estaba trabajando y cuando estaba en casa el Leia mucho y le gustaba pintar en papel o en tela.
El cambio llego cuando falleció mi abuelo el papa de mi mama, el vivía con nosotros, era asmático pero mi mama lo cuidaba mucho y lo mimaba, parecía un hombrecito frágil, pero el nos amaba siempre tapaba las macanas que nos mandábamos, y si por una de esas casualidades mi mama nos quería pegar o poner en penitencia el nos salvaba. Mi tía que vivía en otra ciudad quería tener a su padre una temporada y no se podía decir que no, el mismo no se quería ir, pero partió al encuentro de su otra hija, ella también era enfermera, desde el mismo día que el se fue la tristeza invadió a mi madre, ya no era la misma, ella lo extrañaba mucho, hoy me doy cuenta que ella estaba muy aferrada a el y a sus hijos y eso la hacia todo lo feliz que quizás no era por otro lado, que era con su marido o sea mi padre, un tipo tranquilo, le gustaba la pachanga como decía el, que bailaba el tango como nadie, y me lo enseño a bailar cuando era chica subida a sus pies, se escapa a los bailes, y salía con cuanta dama se le ocurriera y todo eso llegaba a oídos de mi madre, de todo esto me entero cuando soy grande y puedo sacar estas conclusiones.
Un día no muy lejano a la partida de su padre, llego un cartero con un telegrama que notificaba que mi abuelo había fallecido, todo era confusión para nosotros, no sabíamos porque mi madre lloraba, luego nos llamo mi padre y a duras penas nos dijo lo que ocurría.

A partir de ese acontecimiento todo cambio aun más, y marco mi vida para siempre, como dicen los científicos; todo lo que ocurre en los primeros años, es lo que marca tu vida para siempre, ellos dicen que se forman las “Huellas Mnemicas” . No soy egoísta, trato de ser lo mas solidaria posible, pero ojo no soy la excepción de la regla, todos tenemos un muerto colgado del placar.